"Ella no sabía quien era él. Trataba de hacer memoria en qué momento se dio cuenta que él apareció en aquel lugar, sólo recordaba que de un momento a otro él empezó a ser importante, aunque fuese un poco, aunque fuese mucho.
Ella lo miraba, poco porque le daba vergüenza que otros se dieran cuenta y que comentaran al respecto. Siempre lo guardó como unos de sus tesoros más preciados, inexplicable pero totalmente real. Al comienzo tuvieron contadas oportunidades para compartir, en contextos extraños y poco usuales, de los cuales ella disfrutaba sólo porque estaba él presente.
Ella no sabía como reaccionar, como acercarse, qué decir. Fueron ciertas circunstancias las que permitieron que cruzaran palabras, algunas miradas, unas cuantas risas, tratando de hacer calzar cada instancia en la que pudiesen encontrarse, aunque fuese de lejos, aunque ella fuese invisible para él.
Ella logró acercarse, poco a poco. Tuvieron encuentros que fueron mágicos para ella, sencillos pero importantes, que no se olvidaron jamás. No quiso arriesgarse más, por miedo, ese miedo que te envuelve tan fuertemente que no te permite hacer, que no te deja ser.
Ella se sentía tan bien cuando estaba junto a él, que con solo mirar sus ojos castaños el mundo parecía ser más amable, más armonioso, más humano. Puede ser que sus conversaciones no hayan sido tan profundas, ni que les hayan permitido conocerse tan a fondo, pero de ellas extrajo elementos que nunca olvidó.
Ella migró y por largo tiempo no supieron uno del otro. De alguna manera ella sabía que un pequeño lugar de su corazón ya tenía un nombre grabado en él, aunque no lo pensara constantemente, aunque no lo sintiese, aunque no lo viese. La distancia no fue motivo para desgrabar aquel nombre, más bien, la distancia mantuvo intacto todo y más, como si los estragos del tiempo no lograsen penetrar aquel rincón escondido de su corazón.
Ella se lo encontró una vez, después de algunos años. No fue gran cosa -eso ella creía-. Como pasajeros, conversaron acerca de sus vidas, tratando de resumir lo que cada uno creía que era más importante de decir. Él la miró y le dijo: "eres la persona más coqueta que conozco (entre risas)". Ella jamás pensó que alguien le diría algo así, y se río con él asumiendo que era una frase para 'cortar el hielo', para hacer de aquel momento algo más natural. Al final del viaje, cada uno siguió el camino de su propio destino... "cuídate, que te vaya bien".
Ella siguió construyendo su camino, a veces con más bajos que altos, pero de todas formas cada uno de aquellos momentos formaron parte de su propia construcción, haciendo de ella una mujer muy distinta al común, muy distinta a lo que se espera o se cree de las mujeres. Su lucha fue diaria, una lucha interna que no siempre compartió con el resto de la gente, pero que sí marcaban una diferencia a la hora de enfrentarse a este mundo aún repleto de desigualdades, de todos los tipos.
Ella vestía de un color fuerte, color que inevitablemente llamaba la atención. No se sabe si por medio de esta enorme distracción él la reconoció, o porque efectivamente observó su rostro y supo quién era ella. Él le dijo "Hola! tanto tiempo, qué es de tu vida", y ella respondió asombrada porque se había dado cuenta que de aquella última vez que se vieron, ella creía que jamás sabría nuevamente de él. La conversación duró un par de años, en los que lograron acercarse de tal forma que compartían su vida, sus sueños, sus miedos, sus particularidades, acompañándose y aconsejándose como buenos amigos que eran -o que creían ser-.
Ella y él se acercaron de una manera que no estaba prevista, cómo todas las cosas que pasan en esta vida. La comunicación era intermitente, lo que no evitó que se conectaran y se mimetizaran a tal grado que, aunque pasara el tiempo, sabían del otro porque algo los llamaba, algo invisible y poderoso hacía que la distancia no fuera tanta y que cuando ésta se extendía demasiado, volvían a conectarse mágicamente.
Ella lo quería, y él a ella. No se lo decían siempre porque eso equivaldría asumir sentimientos que eran complejos, confusos, fuertes, hasta que llegó el momento de enfrentarlos y tomar decisiones que, aunque no quisieran, debieron ser las correctas, las esperadas. Su comunicación era intermitente, insisto, pero esta vez ella sabía y sentía que sería diferente. "Cuídate" le dijo él y ella sitió ese vacío doloroso que se apoderó de ella bajo su pecho. Colocó sus manos sobre el dolor pensando que podía extirparlo, pero no lo logró.
Ella dijo sus últimas palabras, pero no estaba segura si él las había escuchado. Fue en ese momento en que se dio cuenta que todo era más fuerte, que a pesar de lo distintos que eran, él había logrado entrar en su ser de una manera diferente, especial. Las lágrimas no pudieron esconderse más y brotaron sin más, auténticas, fieles, dolorosas.
Ella aún guarda ese pequeño lugar de su corazón para él, el cual jamás se borrará, pasen los años que pasen. Ella lo quiere, lo quiere incansablemente. Ella sabe que esa conexión jamás dejará de existir. Ella quiere lo mejor para él, con o sin ella... ella siempre pensará en él."