viernes, 8 de diciembre de 2017

La adopción como una convicción de amor.

Hace algún tiempo atrás, tuve el privilegio de ver la película 'Lion', producción autobiográfica que cuenta la historia de Saroo, un niño que se extravía en un tren, llegando a un lugar en donde le es imposible poder comunicarse con su familia de origen, terminando siendo adoptado por una familia australiana. Luego de más de 25 años, Saroo comienza la búsqueda de fu familia biológica, viviendo incontables experiencias en este hermoso viaje de su vida.

Cuando vi esta película, claramente las emociones que se provocaron en mí, fueron evidentes e inevitablemente visibles y palpables. Una historia profunda e inspiradora que muestra a la familia, las raíces y la identidad del ser humano como bases de su crecimiento personal. Una historia tremenda e indiscutiblemente conmovedora que desde el instante en que Sue, madre adoptiva de Saroo, le confiesa que ella quiso adoptar, que si adoptó no fue porque no pudiesen tener hijos, sino porque no quisieron tenerlos, marcó un antes y un después en mi forma de conectarme con este tema... la adopción.

La adopción no es un tema que se conversé en las sobremesas de los almuerzos, ni en las reuniones familiares y con amigos que solemos hacer constantemente, porque aunque no queramos darnos cuenta, la adopción se plantea en tu vida sólo cuando no puedes tener hijos biológicos, engendrados desde aquel óvulo y espermio propios tuyos, y en donde toda la información genética se traspasa, creando finalmente una nueva vida. Y así hemos aprendido, erróneamente, que la adopción existe, pero existe sólo en la vida de las parejas infértiles, parejas que no pueden tener hijos biológicos.

Y es increíble cómo esta hermosa producción cinematográfica y su bella historia, me hicieron replantearme todo con respecto a la adopción... ¿es efectivamente un camino sólo para parejas infértiles? ¿sólo debemos pensar en esta opción cuando biológicamente no estamos aptos para engendrar hijos? ¿en qué minuto abrimos nuestros corazones y dejamos el egocentrismo de lado por querer perpetuar la sangre, si al fin y al cabo la sangre es sólo un líquido viscoso que llevamos dentro? ¿qué significa perpetuarnos? ¿sólo la información genética heredada te permite perpetuarte si es lo que buscas en tu vida? ¿qué pasa con todas esas vidas ya existentes, solitarias, desprovistas, temerosas que sólo buscan un apoyo sincero y desinteresado que quiera simplemente amarlas? ¿no basta con amarnos, independiente de donde vengamos y quienes seamos? ¿no es más hermoso perpetuar el amor profundo que los genes y la información que ellos puedan traer consigo? ¿vale más una vida perpetuada por la genética que por el amor sincero y puro que podamos sentir?...

Jamás me había puesto en esos zapatos, jamás me había posicionado en esa vereda, jamás me había preguntado si era un tema adquirido por el traspaso cultural o por una construcción personal. Pero de alguna u otra forma de eso se trata la vida, de poco a poco ir dándote cuenta de lo que eres y qué equivale y trae consigo todo eso... ¿eres la construcción de otros o estás construyéndote a ti mí mismo? Y fue en ese momento que la adopción entró en mi vida, como una pequeña electricidad que fue generando pequeñas explosiones mentales, sutiles pero profundas en todo lo relacionado con cómo me posesionaba yo al respecto de la adopción.

No recuerdo haber tenido conversaciones con otros sobre lo que cada uno opinase sobre adopción, hasta hace poquísimo tiempo, porque no es tema, y está bien que no lo sea si de una u otra forma no ha tocado alguna fibra en tu ser, a través de una historia cercana, de un libro, de una película o de una conexión mágica y misteriosa que no sepas explicar. Pero me di cuenta que si ha sido un tema en mi vida y jamás me tomé el tiempo de escucharme y construirme con respecto a la adopción.

A partir del año 1934, se da inicio a la primera legislación nacional sobre adopción en Chile, definiéndose como "un acto jurídico destinado a crear entre adoptante y adoptado los derechos y obligaciones que establece la presente ley". Los contextos han cambiado y desde aquel año claramente han existido un gran número de modificaciones a esta primera e incipiente legislación... lo importante es tener en claro que los motivos para adoptar pueden ser infinitos y ninguno de ellos es más importante, más valido y más respetado que los demás. Adoptar es un acto de amor, un acto de amor profundo que emerge desde lo más íntimo y personal de cada ser, un amor genuino, una capacidad de apertura incalculable, y una convicción poderosa de que todos merecemos ser amados.

"... ambos pensábamos que el mundo ya tenía suficientes personas. Tener un hijo no garantizaba que fuéramos a mejorar las cosas. Pero adoptar a alguien que estaba sufriendo como ustedes, darles una oportunidad en el mundo, eso es algo especial. (...) No es cuestión de dificultad, para mí hay sólo un camino y así es como pienso", le dice Sue a su hijo Saroo. Esa escena, ese diálogo, esas palabras fueron como cinceles modeladores, constructores y formadores de lo que sería para mi la adopción en mi vida.

Creo tener desde muy pequeña la idea de querer ser madre, aún no lo soy, y pueden pensar "y qué se cree esta mujer de venir a hablar estos temas si ni si quiera sabe lo que es ser madre biológica", pero tranquilo, jamás he despreciado, subvalorado o desmitificado que tanto ser madre como padre biológico, tenga menos valor, valentía, compromiso y amor, que ser padre o madre a través de la adopción. Hablo desde mi ser, desde mi profundidad que en ocasiones, logra salir a flotes y comunicar quien soy. Claramente los tiempos han cambiado y si tengo que confesar que la decisión de ser madre ha sido aplazada por mí misma, por diferentes motivos, por distintas circunstancias, lo que no me quita el derecho a sentir y decir lo que pienso al respecto.

De una u otra manera, desde muy pequeños nos hablaron sobre el famoso ciclo de la vida: naces, creces, te reproduces y mueres. Te reproduces... complejo, inquietante, desolador. Te reproduces como una frase tan concreta, tan simplista, tan especifica que posiciona al ser humano como un ser que debe procrear, debe engendrar, debe unir la mitad de sus genes con la mitad de los genes del otro ser para así crear vida. Y claro, podemos conversar sobre lo que es la vida y entraríamos en otro mundo que creo, dejaré para otro momento... pero de todas formas, ¿sólo te reproduces así? ¿qué es lo que hay que reproducir? ¿reproducimos información? ¿qué pasa con la creación y el amor? ¿sólo se da en uno de los casos, o se puede dar en los dos? ¿engendrar y adoptar son parte de la cadena del ciclo de vida? Yo creo que sí, y estoy convencida de que el ciclo de la vida es un ciclo que puede ser palpado, sentido, vivenciado y experimentado tanto por los hijos y padres/madres biológicos, como por los hijos adoptados y los padres/madres adoptantes.

Cada día me convenzo más a mi misma que el amor es la fuerza más poderosa que pueda existir. El amor te mantiene vivo, el amor crea y construye maravillas, el amor te conecta de formas mágicas y hermosas, el amor te permite humanizarte, el amor es lo único que debiese formar parte indiscutible de la vida de cada uno de nosotros. Y la adopción es una convicción de amor, al igual que la procreación que todos conocemos... y no es una opción sólo para unos pocos que no pueden ser padres de otra forma, es una elección abierta y sincera que de todas formas permitirá a otro ser humano, humanizarse tal cual como quienes adoptan nos lo enseñan día a día.


sábado, 2 de diciembre de 2017

El olvido una ilusión, el tiempo una invención.

"Cuenta la historia que cada mañana la emoción se hacia sentir desde el primer segundo en que abrían sus ojos. Era inevitable hacer caso omiso a las imágenes mentales que llegaban poco a poco del inconsciente al ser consiente... soñar era la forma que tenían para que estuviesen más cerca y sentirse como aquellas veces en que estaban juntos, en donde las miradas detenían el tiempo y en donde la distancia desaparecía, no existía.

Sabiendo que era muy difícil que sus vidas siguieran un mismo camino, no podían negarse el uno al otro que cada vez que compartían, eran los seres más felices del universo. Esa felicidad no era efímera porque duraba infinitamente más de lo que duraban sus encuentros, fugaces pero tan esperados y anhelados por los dos. La alegría era espontánea cada vez que sus miradas se cruzaban, lo que hacía que esa felicidad durase tanto o más de lo que unidos pudiesen imaginar.

Tantas experiencias vividas juntos, como también por separado, hicieron que jamás pudiesen separarse. A veces la distancia no era tan grande, pero el tiempo que transcurría entre un encuentro y otro era interminable, agobiantemente interminable. Pero ese mismo tiempo les enseñó que él no cura nada, que él no trae consigo al olvido... todo lo contrario, con el tiempo aprendieron a convivir con todo lo que cada uno era, y que olvidar es sólo una palabra que permite a los ilusos creer que el olvido existe.

¡Qué manera de disfrutarse el uno al otro!, qué manera de reír, qué manera de gozar, qué manera de soñar juntos, qué manera de recordar... era evidente que existía algo más, algo que sólo el paso del tiempo les permitió comprender y así, darse cuenta que la vida y el destino les deparaba algo más. Pero sus mundos chocaban, tanto que a veces que perdían las esperanzas creyendo que el universo conspiraba en contra de ellos, a pesar de todas las dificultades que estaban dispuestos a sobrellevar.

A veces sobraban las palabras porque las miradas lo decían todo, otras veces morían por expresar tantas cosas pero no sabían si la vergüenza, el miedo o las circunstancias impedían que la real sinceridad saliese a flote. Pero de todas formas ella sabía lo que pasaba en el corazón y la mente de él, como él también tenía muy claro que pensaba y sentía ella por él.

Y así el tiempo fue pasando y las emociones y sentimientos se fueron evidenciando, más claras, más potentes, más profundas. ¿Pero qué podían hacer? Él, un animal salvaje, pertenecía a una manada distinta a la de ella, una manda ya formada... Ella, una animal en peligro de extinción, jamás podría entrar a competir con semejante abismo. Y así, las supuestas lógicas de la naturaleza se resquebrajaron y tanto él como ella descubrieron que el ser tan distintos los hacia compenetrarse cada vez más.

A pesar de todo lo bello, el universo seguía poniéndolos a prueba, o eso era lo que ellos pensaban, lo que ellos creían sentir... de alguna u otra forma, esos lazos que se volvían cada vez más y más estrechos, los distanciaban cada vez más. No se imaginan cómo y cuánto se querían, cómo y cuánto se extrañaban, cómo y cuánto se soñaban. Separarse jamás, aprender a vivir con la distancia sí. Olvidarse nunca, aprender a vivir con los recuerdos sí.

Y es así como su historia jamás tendrá final, su historia nunca terminará. Pueden que pasen los días, los meses, las temporadas, el invierno y el verano, pase lo que pase en la vida de cada uno de ellos, pero jamás nunca, ni el tiempo ni la distancia los separarán... podrán no verse, podrán no comunicarse, pero jamás dejarán de creer que nuevamente sus caminos se juntarán, mañana, pasado o quien sabe cuándo, sólo saben que todo aquello que les permitió unirse, estará intacto esperando ese anhelado momento de reencuentro y felicidad.

Por eso, cuenta la historia que cada mañana, aún, se estremecen recordándose."


Extractos de un cuento de autoría propia.