miércoles, 3 de enero de 2018

¡Feliz año, feliz vida!

Desde hace algunas semanas tengo un montón de ideas rondando por mi cabeza, unas más claras que otras, unas más ocultas que otras, pero ideas al fin y al cabo que, por algún motivo, no he logrado encausar como a mi me sienta mejor... y claro, perfectamente podría sólo dejar fluir, pero esta vez tiene que ver más que con sólo dejar fluir, también involucra un aceptar que no siempre estamos dispuestos a asumir o a enfrentar, y es en esos momentos en donde, tanto consiente como inconscientemente, terminamos por guardar aquello que duele, aquello que nos remese, aquello que nos marca.

Y casualmente comenzó un nuevo año y todo lo que conlleva este hito histórico-social para todos. Comienzas a escuchar los clásicos: "ahora sí que será mi año", "Chao 2017 de mierda, bienvenido 2018", "olvidémonos de todo lo malo para empezar de 0", y bla bla bla. No lo voy a negar, yo también fui de las que dije esas frases u otras parecidas y peores, invocando casi que a Los Santos no santos para que el pasado quedara atrás y el nuevo año trajera prosperidad... y cómo me he dado cuenta de lo equivocada que estaba, de lo perdida, de lo poco empoderada. Pero hay que vivir y experimentar para entender y crecer, y darse cuenta que no fue el año el 'malo', que no hay que llenar de mierda lo vivido, que empezar de 0 es imposible porque todos traemos historia y una mochila que la contiene, que no existe el olvido sino que la aceptación y el convivir sanamente con uno mismo.

Pero nunca está demás analizar, visualizar y comprender lo que viviste... y si el cambio de año te ayuda con eso, bienvenido sea. A mí me vino como anillo al dedo, porque las fechas coinciden, porque los acontecimientos lo ameritan, o simplemente porque sentí que era el momento indicado para hacerlo. Y frente a este computador, a estas letras vigorosas que desean a toda costa salir al mundo, doy una mirada atrás y veo y siento tantas cosas, tantas que ni se las imaginan. Recuerdo momentos, personas, circunstancias, vivencias, sentimientos, emociones, todas ellas tan reales y palpables como si hubiesen ocurrido ayer... hasta olores logro sentir como si aquella persona estuviese frente a mí, como si esa exquisita comida la estuviese degustando ahora, o como si el aire que respiré siguiese dando vida a mis pulmones hoy.

Recuerdo que hace algún tiempo atrás, en una de mis sesiones con mi psicóloga de ese entonces, salió el tema de esa ansiedad implantada en nuestra sociedad de englobarlo todo con la pregunta 'por qué': "¿pero por qué a mí? ¿por qué de esa manera? ¿por qué...?". Y claro, sobre utilizamos este recurso sobre todo cuando lo que hemos vivido, se traduce en algo 'malo' o 'negativo' (términos discutibles y que trato día a día de no utilizarlos, conste), algo que trajo consigo un dolor, un quiebre, un desazón. Luego de un par de minutos discutiendo sobre el clásico 'por qué', llegó la hora de conocer la pregunta que sí podía provocar en ti un aprendizaje real, una conexión contigo mismo y tu historia de desiciones y comprender, poco a poco, que dichas experiencias no tienen por qué ser catalogadas como 'malas', 'negativas' o 'terribles'.

Al principio no me hacía mucho sentido, buscaba ejemplos de otros y propios en donde pudiese aplicar esta nueva forma de comprender las cosas, pero aún no estaba preparada, aún no tenía las suficientes herramientas, aún me faltaba experimentar para entender... Hasta que un día, no por arte de magia claramente, el 'Para qué' poco a poco fue entrando en mi vida, sigiloso, respetuoso, paciente, esperando el momento adecuado para que yo me apoderara de él, sutil y paulatinamente, con delicadeza y tranquilidad, permitiéndome cuestionar desde otra vereda, de otra manera y con otro significado, lo que es mi vida: mi pasado y mi presente.

'Para qué' conlleva otro tipo de análisis, un análisis más profundo e interno que te permite comprender lo que hay detrás de las cosas y lo que provocó en ti tal o cuales desiciones que tomaste. El 'por qué' se atañe a algo más externo, a responsabilidades de otros que facilitan que no te hagas cargo por tus propias desiciones que te llevaron a experimentar lo vivido. El 'Para qué', en cambio, tiene una estrecha relación con lo más interno, con las responsabilidades propias e intransferibles que determinan tus propias desiciones. Por eso el aplicar el 'para qué' en la vida, es sumamente complejo y desestructurante, porque desde pequeños nadie nos enseña a hacernos cargo, los adultos le resuelven la vida a los niños hasta en las cosas más inverosímiles que, adecuándose a la edad, los propios niños podrían resolver; porque no somos capaces de asumir que dichas desiciones fueron tomadas en tal momento porque de alguna u otra manera lo quisimos así, porque no creemos en las oportunidades y de que los errores también aprendemos infinitamente más... y porque los errores se comenten, son parte de la vida, y tampoco tenemos que hacer vista gorda al respecto. El tema no es el 'no cometerlos', sino más bien ser capaces de decidir desde un corazón consiente que, independiente los resultados o el camino a trazar, sea capaz de hacerse cargo y empoderarse por lo que fuimos y somos hoy.

Por eso hoy miro hacia atrás, a un pasado más lejano o más cercano, más doloroso o más eufórico, más solitario o más acompañado, más frío o más cálido, y lo abrazo, lo abrazo fuertemente, tanto así que es inevitable que las lágrimas broten desde mis ojos y recorran mis mejillas, porque ahora entiendo tantas cosas, ahora comprendo tantas otras que antes, o no las creía o simplemente no las veía. Y sin renegar del dolor, la frustración, la pena, la incertidumbre, entre tantas otras emociones, de todas formas sigo abrazando y me sigo recargando de mi misma, de lo que fui y de lo soy, de lo que viví y de lo que vivo, de lo que amé y de lo que amo y sigo amando, de lo que aprendí y de lo que aprendo, de lo que soñé y sueño hoy en día... y comprendí que agradecer es una de las cosas más hermosas que podamos experimentar.

Agradezco todo y más. No me pondré a enumerar todo aquello, porque estaría la misma cantidad de vida que llevo vivida, escribiendo lo que he vivido... sí puedo decir que agradezco, que hoy día agradezco desde el corazón todas y cada una de las cosas, momentos y personas que poco o mucho, han dejado en mí una huella imborrable e indeleble. Hoy puedo decir que no me arrepiento de nada, que lo que he experimentado ha hecho de mí la mujer que soy y de la cual cada día me siento más y más orgullosa. No puedo negar que mirando hacia atrás, hubiese amado un poco más de eso o de aquello, por ejemplo, pero a la vez sé que lo que fue, fue en su medida justa en aquel momento y que, si anhelo y amo volver a experimentarlo nuevamente, mi corazón sabrá que hoy es el día. A veces tenemos que soltar lo que no queremos soltar, y no porque sea algo 'errado' o 'malo', sino más bien, porque las circunstancias a veces son tan ajenas a nosotros mismos que debemos aprender a esperar, paciente y calmadamente, porque si eso a lo que nos aferramos tanto está de igual forma aferrado a nosotros, sabremos sin lugar a dudas que no sólo la vida nos volverá a juntar, sino más bien, seremos nosotros mismos quienes tomemos la decisión de volver a entrelazarnos.

Aprendamos a no renegar de quienes somos y de todo lo que hemos vivido. Que el 'cambio de folio' anual, como se dice en la jerga popular, no nos haga asquear lo que nos trajo dolor e incertidumbre, sino más bien que seamos capaces de aprender a preguntarnos ese bello '¿para qué?' y así lograr aprender de todas y cada una de las experiencias que forman parte de nuestra vida. Que este año no traiga consigo nada, más bien seamos nosotros mismos quienes le entreguemos a este año vitalidad, amor, éxito, coraje, valentía y empoderamiento... que este año brillemos como si fuese el último y que esa luz propia ilumine nuestras vidas y la de los demás, con cada paso que demos. Expresa lo que sientes, abre tu corazón consiente y escucha tus instintos, arriésgate si es lo que sientes que debes hacer, toma partido y empodérate de lo que amas, se feliz.

Y para quien quiera decirme algo, o simplemente estar a mi lado, aquí estoy con los brazos y el corazón abiertos, porque esa es la única manera de perder los miedos.

¡Feliz año, feliz vida!