viernes, 8 de diciembre de 2017

La adopción como una convicción de amor.

Hace algún tiempo atrás, tuve el privilegio de ver la película 'Lion', producción autobiográfica que cuenta la historia de Saroo, un niño que se extravía en un tren, llegando a un lugar en donde le es imposible poder comunicarse con su familia de origen, terminando siendo adoptado por una familia australiana. Luego de más de 25 años, Saroo comienza la búsqueda de fu familia biológica, viviendo incontables experiencias en este hermoso viaje de su vida.

Cuando vi esta película, claramente las emociones que se provocaron en mí, fueron evidentes e inevitablemente visibles y palpables. Una historia profunda e inspiradora que muestra a la familia, las raíces y la identidad del ser humano como bases de su crecimiento personal. Una historia tremenda e indiscutiblemente conmovedora que desde el instante en que Sue, madre adoptiva de Saroo, le confiesa que ella quiso adoptar, que si adoptó no fue porque no pudiesen tener hijos, sino porque no quisieron tenerlos, marcó un antes y un después en mi forma de conectarme con este tema... la adopción.

La adopción no es un tema que se conversé en las sobremesas de los almuerzos, ni en las reuniones familiares y con amigos que solemos hacer constantemente, porque aunque no queramos darnos cuenta, la adopción se plantea en tu vida sólo cuando no puedes tener hijos biológicos, engendrados desde aquel óvulo y espermio propios tuyos, y en donde toda la información genética se traspasa, creando finalmente una nueva vida. Y así hemos aprendido, erróneamente, que la adopción existe, pero existe sólo en la vida de las parejas infértiles, parejas que no pueden tener hijos biológicos.

Y es increíble cómo esta hermosa producción cinematográfica y su bella historia, me hicieron replantearme todo con respecto a la adopción... ¿es efectivamente un camino sólo para parejas infértiles? ¿sólo debemos pensar en esta opción cuando biológicamente no estamos aptos para engendrar hijos? ¿en qué minuto abrimos nuestros corazones y dejamos el egocentrismo de lado por querer perpetuar la sangre, si al fin y al cabo la sangre es sólo un líquido viscoso que llevamos dentro? ¿qué significa perpetuarnos? ¿sólo la información genética heredada te permite perpetuarte si es lo que buscas en tu vida? ¿qué pasa con todas esas vidas ya existentes, solitarias, desprovistas, temerosas que sólo buscan un apoyo sincero y desinteresado que quiera simplemente amarlas? ¿no basta con amarnos, independiente de donde vengamos y quienes seamos? ¿no es más hermoso perpetuar el amor profundo que los genes y la información que ellos puedan traer consigo? ¿vale más una vida perpetuada por la genética que por el amor sincero y puro que podamos sentir?...

Jamás me había puesto en esos zapatos, jamás me había posicionado en esa vereda, jamás me había preguntado si era un tema adquirido por el traspaso cultural o por una construcción personal. Pero de alguna u otra forma de eso se trata la vida, de poco a poco ir dándote cuenta de lo que eres y qué equivale y trae consigo todo eso... ¿eres la construcción de otros o estás construyéndote a ti mí mismo? Y fue en ese momento que la adopción entró en mi vida, como una pequeña electricidad que fue generando pequeñas explosiones mentales, sutiles pero profundas en todo lo relacionado con cómo me posesionaba yo al respecto de la adopción.

No recuerdo haber tenido conversaciones con otros sobre lo que cada uno opinase sobre adopción, hasta hace poquísimo tiempo, porque no es tema, y está bien que no lo sea si de una u otra forma no ha tocado alguna fibra en tu ser, a través de una historia cercana, de un libro, de una película o de una conexión mágica y misteriosa que no sepas explicar. Pero me di cuenta que si ha sido un tema en mi vida y jamás me tomé el tiempo de escucharme y construirme con respecto a la adopción.

A partir del año 1934, se da inicio a la primera legislación nacional sobre adopción en Chile, definiéndose como "un acto jurídico destinado a crear entre adoptante y adoptado los derechos y obligaciones que establece la presente ley". Los contextos han cambiado y desde aquel año claramente han existido un gran número de modificaciones a esta primera e incipiente legislación... lo importante es tener en claro que los motivos para adoptar pueden ser infinitos y ninguno de ellos es más importante, más valido y más respetado que los demás. Adoptar es un acto de amor, un acto de amor profundo que emerge desde lo más íntimo y personal de cada ser, un amor genuino, una capacidad de apertura incalculable, y una convicción poderosa de que todos merecemos ser amados.

"... ambos pensábamos que el mundo ya tenía suficientes personas. Tener un hijo no garantizaba que fuéramos a mejorar las cosas. Pero adoptar a alguien que estaba sufriendo como ustedes, darles una oportunidad en el mundo, eso es algo especial. (...) No es cuestión de dificultad, para mí hay sólo un camino y así es como pienso", le dice Sue a su hijo Saroo. Esa escena, ese diálogo, esas palabras fueron como cinceles modeladores, constructores y formadores de lo que sería para mi la adopción en mi vida.

Creo tener desde muy pequeña la idea de querer ser madre, aún no lo soy, y pueden pensar "y qué se cree esta mujer de venir a hablar estos temas si ni si quiera sabe lo que es ser madre biológica", pero tranquilo, jamás he despreciado, subvalorado o desmitificado que tanto ser madre como padre biológico, tenga menos valor, valentía, compromiso y amor, que ser padre o madre a través de la adopción. Hablo desde mi ser, desde mi profundidad que en ocasiones, logra salir a flotes y comunicar quien soy. Claramente los tiempos han cambiado y si tengo que confesar que la decisión de ser madre ha sido aplazada por mí misma, por diferentes motivos, por distintas circunstancias, lo que no me quita el derecho a sentir y decir lo que pienso al respecto.

De una u otra manera, desde muy pequeños nos hablaron sobre el famoso ciclo de la vida: naces, creces, te reproduces y mueres. Te reproduces... complejo, inquietante, desolador. Te reproduces como una frase tan concreta, tan simplista, tan especifica que posiciona al ser humano como un ser que debe procrear, debe engendrar, debe unir la mitad de sus genes con la mitad de los genes del otro ser para así crear vida. Y claro, podemos conversar sobre lo que es la vida y entraríamos en otro mundo que creo, dejaré para otro momento... pero de todas formas, ¿sólo te reproduces así? ¿qué es lo que hay que reproducir? ¿reproducimos información? ¿qué pasa con la creación y el amor? ¿sólo se da en uno de los casos, o se puede dar en los dos? ¿engendrar y adoptar son parte de la cadena del ciclo de vida? Yo creo que sí, y estoy convencida de que el ciclo de la vida es un ciclo que puede ser palpado, sentido, vivenciado y experimentado tanto por los hijos y padres/madres biológicos, como por los hijos adoptados y los padres/madres adoptantes.

Cada día me convenzo más a mi misma que el amor es la fuerza más poderosa que pueda existir. El amor te mantiene vivo, el amor crea y construye maravillas, el amor te conecta de formas mágicas y hermosas, el amor te permite humanizarte, el amor es lo único que debiese formar parte indiscutible de la vida de cada uno de nosotros. Y la adopción es una convicción de amor, al igual que la procreación que todos conocemos... y no es una opción sólo para unos pocos que no pueden ser padres de otra forma, es una elección abierta y sincera que de todas formas permitirá a otro ser humano, humanizarse tal cual como quienes adoptan nos lo enseñan día a día.


sábado, 2 de diciembre de 2017

El olvido una ilusión, el tiempo una invención.

"Cuenta la historia que cada mañana la emoción se hacia sentir desde el primer segundo en que abrían sus ojos. Era inevitable hacer caso omiso a las imágenes mentales que llegaban poco a poco del inconsciente al ser consiente... soñar era la forma que tenían para que estuviesen más cerca y sentirse como aquellas veces en que estaban juntos, en donde las miradas detenían el tiempo y en donde la distancia desaparecía, no existía.

Sabiendo que era muy difícil que sus vidas siguieran un mismo camino, no podían negarse el uno al otro que cada vez que compartían, eran los seres más felices del universo. Esa felicidad no era efímera porque duraba infinitamente más de lo que duraban sus encuentros, fugaces pero tan esperados y anhelados por los dos. La alegría era espontánea cada vez que sus miradas se cruzaban, lo que hacía que esa felicidad durase tanto o más de lo que unidos pudiesen imaginar.

Tantas experiencias vividas juntos, como también por separado, hicieron que jamás pudiesen separarse. A veces la distancia no era tan grande, pero el tiempo que transcurría entre un encuentro y otro era interminable, agobiantemente interminable. Pero ese mismo tiempo les enseñó que él no cura nada, que él no trae consigo al olvido... todo lo contrario, con el tiempo aprendieron a convivir con todo lo que cada uno era, y que olvidar es sólo una palabra que permite a los ilusos creer que el olvido existe.

¡Qué manera de disfrutarse el uno al otro!, qué manera de reír, qué manera de gozar, qué manera de soñar juntos, qué manera de recordar... era evidente que existía algo más, algo que sólo el paso del tiempo les permitió comprender y así, darse cuenta que la vida y el destino les deparaba algo más. Pero sus mundos chocaban, tanto que a veces que perdían las esperanzas creyendo que el universo conspiraba en contra de ellos, a pesar de todas las dificultades que estaban dispuestos a sobrellevar.

A veces sobraban las palabras porque las miradas lo decían todo, otras veces morían por expresar tantas cosas pero no sabían si la vergüenza, el miedo o las circunstancias impedían que la real sinceridad saliese a flote. Pero de todas formas ella sabía lo que pasaba en el corazón y la mente de él, como él también tenía muy claro que pensaba y sentía ella por él.

Y así el tiempo fue pasando y las emociones y sentimientos se fueron evidenciando, más claras, más potentes, más profundas. ¿Pero qué podían hacer? Él, un animal salvaje, pertenecía a una manada distinta a la de ella, una manda ya formada... Ella, una animal en peligro de extinción, jamás podría entrar a competir con semejante abismo. Y así, las supuestas lógicas de la naturaleza se resquebrajaron y tanto él como ella descubrieron que el ser tan distintos los hacia compenetrarse cada vez más.

A pesar de todo lo bello, el universo seguía poniéndolos a prueba, o eso era lo que ellos pensaban, lo que ellos creían sentir... de alguna u otra forma, esos lazos que se volvían cada vez más y más estrechos, los distanciaban cada vez más. No se imaginan cómo y cuánto se querían, cómo y cuánto se extrañaban, cómo y cuánto se soñaban. Separarse jamás, aprender a vivir con la distancia sí. Olvidarse nunca, aprender a vivir con los recuerdos sí.

Y es así como su historia jamás tendrá final, su historia nunca terminará. Pueden que pasen los días, los meses, las temporadas, el invierno y el verano, pase lo que pase en la vida de cada uno de ellos, pero jamás nunca, ni el tiempo ni la distancia los separarán... podrán no verse, podrán no comunicarse, pero jamás dejarán de creer que nuevamente sus caminos se juntarán, mañana, pasado o quien sabe cuándo, sólo saben que todo aquello que les permitió unirse, estará intacto esperando ese anhelado momento de reencuentro y felicidad.

Por eso, cuenta la historia que cada mañana, aún, se estremecen recordándose."


Extractos de un cuento de autoría propia.

viernes, 22 de septiembre de 2017

No apaguemos nuestra Intuición...

Y aquí estamos, ad portas de los treinta, treinta años de experiencias que, de una u otra forma, siguen calando en los más profundo de mi ser, como una espina, como una lanza, como una daga que quedó en el mismo lugar desde aquella vez, y que teniendo plena conciencia de que existe y forma parte de mi, intento no moverla, no tocarla, no sentirla. Pero llega un minuto en la vida, más tarde o más temprano, en que esa herida se siente aún más, deja de estar en el anonimato y comienza a moverse, a retorcerse de tal forma que, intentes lo que intentes, debes afrontarla, debes sentirla, debes escucharla, debes mirarla, debes sanarla.

Y claramente hay heridas más profundas que otras, heridas más superficiales, más tenues, pero que al fin y al cabo, siguen siendo heridas de todas formas. Pero no solo estamos compuestos de heridas, entendiéndolas desde su sentido más crudo y doloroso, también estamos forjados por marcas y huellas, las cuales mantienen olores deliciosos, texturas placenteras, formas enigmáticas, sonidos mágicos, de esos que cuando te encuentras con ellos en otros lugares, en otras pieles, en otros contextos, te hacen viajar en el tiempo a velocidades inconmensurables, sintiendo como si fuese hoy el instante preciso en que esa huella dejó una marca en ti. Y querrías seguir oliendo ese aroma, por ejemplo, pero es tan efímero como el recuerdo que trae consigo, entonces lo atesoras tan fuertemente que poco a poco terminas construyendo un baúl de los recuerdos, lleno de maravillosos tesoros que  te permiten seguir viajando en el tiempo, cuando tú lo deseas y de la forma que tú lo deseas.

No tengo claro si efectivamente mis cercanos treinta tengan que ver con todo lo que estoy viviendo, pero se da la casualidad de que se van cumpliendo ciclos y que te vas dando cuenta de esas heridas, de esas marcas, de esas huellas y te preguntas si efectivamente las has escuchado cuando te mandaron señales, si prestaste atención cuando se hicieron más notorias, si las sentiste cuando sangraron, si las acariciaste cuando se sonrojaron... y la respuestas es no, no siempre, no todo lo que hubiese querido hoy, porque claramente en ese momento no tuve las herramientas necesarias para comprender, para asimilar, para hacerme cargo, y de alguna u otra forma el vaso se fue llenando y llega un punto en que aunque trates de tomar pequeños sorbos para hacer caber más agua dentro, lo inevitable ocurre y el vaso se desborda, poco o mucho pero se desborda y comprendes que ya no tienes el control que creías tener, que nunca tuviste la verdad, y poco a poco comienzas a comprender que no es necesario que el vaso se llene y se desborde, que hay momentos en los que ese vaso te manda señales y debemos ser capaces de verlas, escucharlas, sentirlas y así permitir que se genere ese drenaje necesario que todos necesitamos para vivir.

Tengo la noción de haber escrito levemente sobre mi niñez en una de las entradas anteriores, dejando pequeños indicios de todo lo que callé, de todo lo que soporté, de todo lo que asumí sin si quiera estar de acuerdo con ello. Fue en esa etapa de mi vida que aprendí a callar, a guardar, a avergonzarme de mí misma, a dejar pasar, a 'agachar el moño' como se dice en la jerga popular, a asentir, a ignorar... y coincidentemente fue la etapa en donde más heridas quedaron grabadas en mi piel, donde más marcas fueron hechas finamente en mi ser, y donde las huellas de aquellas vivencias dejaron repercusiones inimaginables que aprendí a cargar silenciosamente, hasta hace muy poco tiempo atrás.

Hoy por hoy me jacto de ser una mujer empoderada, de tomar mis propias decisiones, de escucharme, de sentirme, de no ignorarme... pero hay veces que cuesta tanto, tanto! Sobretodo cuando aprendiste a escuchar al resto y dejarte en última prioridad, cuando aprendiste a ayudar a otros por sobre ayudarte a ti misma, cuando aprendiste que los problemas de los demás eran más importantes que los propios, cuando aprendiste que por el bien común dejaste el bien propio olvidado, delegado, despreciado. Y conste que hoy nadie me obliga a seguir este mismo camino, esta misma filosofía, sólo que cuando aprendes y te acostumbras a desenvolverte de cierta manera, casi por naturalidad sigues desenvolviéndote de la misma manera, de esa manera que tanto detestas pero que en cierta ocasiones, no sabes cómo lidiar con ella, como ser superior a ella, como deshacerte de ella.

Y claro, la gente que te rodea está tan acostumbrada a verte, a comunicarse y a relacionarse contigo bajo ese prisma, que cuando te haces consciente de lo que no quieres en tu vida y comienzas a transformarte, a mutar, a cambiar, a ser tú misma, es cuando más la gente te juzga, te critica, te mira con esos ojos condenatorios y te dice: "pero qué te pasa, tú no eres así, porque me respondes de esa forma, porque ahora reaccionas así" y bla bla bla. Y de verdad no los culpo, no lo juzgo... todos aprendemos a funcionar de cierta manera y todos esperamos ciertas cosas de los demás. Y es ahí donde está el punto focal de todo esto.

Hoy estoy cansada, agotada, tanto física como mentalmente... y esto no es culpa de nadie, es más bien consecuencia de no haber prestado atención a esas señales que el vaso casi rebosante de agua envió. Sé que la mayoría de las veces hacemos oídos sordos a ciertos indicios porque sabemos lo que conlleva hacerse cargo de ello, pero de qué otra cosa puede tratarse la vida si no es de permitirnos vivir experiencias que oscilen entre un sin fin de emociones que tiñan, sutil o marcadamente, la forma en que nos desenvolvemos con nosotros mismos y con los demás.

Estoy consiente que vivimos en una sociedad que se rige por ciertas estructuras, estemos o no de acuerdo con ellas, pero me cansé de prestar más atención a lo externo que a lo que legítimamente debí escuchar desde siempre, a mí misma. Hoy me escucharán decir lo que siento y lo que pienso, diré y alzaré la voz cuando algo me enloquezca, en todos los sentidos imaginables, me verán dando los pasos que yo quiero, a la velocidad y en el tiempo que yo estime conveniente para mí, me sentirán más fría o más cálida, no lo sé, lo que sí sé es que abriré mi corazón tanto o más cuanto yo sienta que me siento cómoda y feliz para hacerlo.

Adiós convencionalidades, adiós estructuras sin sentido, adiós tradiciones inconscientes, adiós a todo lo que de una u otra forma me calló tan profunda y dolorosamente. La vida nos empuja en todo momento a elegir, pero esas elecciones no deben pasar por otros, deben ser elecciones que nazcan desde nuestro propio interior, porque quiénes más que nosotros mismos sabemos qué, cómo, dónde y porqué queremos tomar tales o cuales desiciones. El ruido incesante del exterior no nos ha permito aprender a escucharnos internamente y nadie nos enseña lo contrario, porque todos somos hijos e hijas de ese mismo sistema que corrompe el silencio mágico de nuestro ser interior. Así que tomemos las riendas de nuestra vida, partiendo por escuchar el silencio de nuestro ser y así encontrar las respuestas que tan incansablemente buscamos en otros. La verdad no es una sola, y no se imaginan los increíbles matices que ella puede tener... cada uno decide qué verdad hacer suya y si luchar o no con uñas y dientes para creer en ella, y no que otros la creen y crean en ella por nosotros.

"Estamos condicionados para creer que el mundo exterior es más real que el interior y el nuevo modelo de ciencia afirma lo contrario: que lo que nos pasa adentro crea lo que pasa afuera" (InnSaei).

lunes, 31 de julio de 2017

Era una madre sonriente...

Desde muy pequeña, mi mamá gozaba con recitarme un poema hermoso, que calaba en mí como una espina profunda. Pero con el paso de lo años fui comprendiendo y construyendo mi propio significado a ese poema que ella con tanto esmero disfrutaba relatar.

Y hoy, escudriñando dentro de recuerdos que había creído olvidado, encontré una particular reescritura que autoría propia, sobre aquel poema que caló mis huesos... hoy lo quiero compartir con ustedes.

Era una madre sonriente.

Era un alma sonriente
Era una tranquila fuente de calor
Era, a su forma asomada
Un vientre inmaculado de un “amor”.
Era una hermosa madre
Con cuidaba con esmero de aquel ser
Y era su vientre un tesoro
De más quilates que el oro en su piel.

Al centro de la fuente
Un puño la golpeó
Y el ser brutalmente
De su vientre separó.
Y al sentirse la madre
Desvanecida en aquel lugar
Decía así, plañidera,
Inundada de su mal:

-Hijo, el más soñado
Que por mi amor cultivado siempre fue,
Hijo, el más esperado
El más amado y apreciado que cuidé;
Blanca estrella que del cielo
Curiosa de ver el mundo, engendró,
A la que un periodo
De mancharla temerosa, no llegó.
¿Quién puede odiarte?
¿Quién te lleva por su bien o por su mal?
¿Quién te quitó de mi vientre
Que no estás aquí más?...

Así un día y otro día
Entre recuerdos y flores
La madre plañía
Superando dolores,
Desde aquel día en que de la fuente
Un puño la golpeó
Y al ser brutalmente
De su vientre separó.

- Reescritura personal del poema "Era un jardín sonriente" de los Hermanos Quintero -


Que la violencia de género no siga matando, que el miedo no nos impida denunciarlo, que la libertad sea nuestra consigna y no la opresión... pongámosle fin a la violencia para dar inicio a un nuevo principio, en donde no existan golpes que duelan ni palabras que hieran, que erradicar la violencia de género sea una obligación y no una moda, y en donde "seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres".


martes, 11 de julio de 2017

Ahora es cuando...

Hace un par de semanas, se cumplió un año desde que viví una de las pérdidas más dolorosas que he tenido. La muerte en sí nos golpea, y nos golpea de la forma menos esperada que podamos imaginar. A pesar de la relación lejana que tuvimos, su muerte fue como una estaca en el corazón, y desde ese momento fui experimentando una serie de cosas que no pensé jamás que experimentaría. No puedo dejar de decir que, a pesar de esa lejanía, aprendí un montón de él, sus historias y anécdotas mágicas eran como los cuentos que gozamos cuando niños, sus miradas te decían un sin fin de cosas que no eran necesarias describirlas con palabras, y sus silencios eran firmamentos en el tiempo y en el espacio.

Se dice que para poder enfrentar un problema, se debe tener el mayor conocimiento posible al respecto, pero... ¿todas las cosas que enfrentamos las conocemos realmente? Su muerte trajo consigo una serie de cuestionamientos que abrieron mil puertas, cientos de ventanas para comenzar a comprender lo que no quería entender, para hacerme cargo de lo que no quería enfrentar, para sentir lo que el corazón reclamaba con tantas ansias, para cuestionar lo que daba miedo criticar, para amar cuando a veces tenías todo que perder.

La mayoría tilda a la muerte de enemigo, pero gracias a ella mi vida ha ido cobrando mayor sentido. No sabemos cuando llega, ni cómo ni en qué circunstancias... al fin y al cabo, lo desconocido es lo que nos pone los pelos de punta, ¿no?. Una vez recuerdo haber escrito que la muerte es como un sueño de profundo olvido, y ahora que lo vuelvo a analizar, la muerte es un sueño de profundo aprendizaje, y no sólo para quien ya no está presente fisicamente, sino también para quienes seguimos en el camino de la vida, la vida del aquí y el ahora. Y recalco esto porque el pasado, aunque siga formando parte de nuestras vida (hoy somos quienes somos gracias a todo lo que hemos vivido), ya no existe, y el futuro solo se construye en base a lo que hoy estemos dispuesto a hacer, a lo que hoy estemos dispuestos por luchar, a todo lo que hoy estemos dispuestos a abrazar o a soltar, y a todo lo que hoy estemos dispuestos a amar.

Rojzman decía que "la muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos". Y no puedo negar que tuvimos un montón de bellos momentos, los que recuerdo y recordaré por siempre. Aquellas historias mágicas de tus viajes y aventuras que eran muchísimo mejores que los cuentos clásicos de niñez, aquellas invitaciones a tu casa en donde una rica once de domingo nos hacía terminar una semana 'redondita', ese sillón en el que te sentabas y en dónde compartías tus enseñanzas más genuinas, y esos silencios que dejaban en el firmamento muchas más huellas que el sonido.

No tengo claro aún si la mayor enseñanza que dejaste en mi, la depositaste en vida y yo la descubrí después de tu muerte, o si efectivamente dejaste en mi esa enseñanza hace poco, hace muy poco tiempo. Sólo se con plena seguridad que hoy puedo mirar con la frente en alto y los ojos honestos a quienes forman parte de mi vida, y a quienes no también, y abrir mi corazón sin miedos, porque no hay nada más genuino y verdadero que enfrentar nuestros miedos y salir adelante con la plena convicción de que lo diste todo y más por ser feliz.

Que la muerte no siga siendo el momento en que nos demos cuenta que debemos decir lo que llevamos dentro. No hay motivos para esperar ni avergonzarnos de lo que sentimos, porque los sentimientos nos deberían llenar de orgullo y no nublarnos con miedos ni inseguridades. Porque a pesar del dolor enorme que podamos sentir, no hay momento más hermoso que aquel en el que abriste tu corazón y dejaste salir esa palabra pura y envolvente que lo dice todo en una milésima de segundo. Porque a pesar de que ese otro ser no siga estando en tu vida y aún así no quieras soltarlo por nada del mundo, no hay motivos para no decirle que lo amas intensamente y que cada lágrima derramada te deja más que claro que seguirá estando presente en lo más profundo de tu ser.

Aprendamos entonces a sincerarnos, primero con nosotros mismos y después con los demás. Aprendamos a abrir el corazón y dejar de pensar que es una debilidad hacerlo. Aprendamos a arriesgarnos y a demostrar con un gesto o una palabra, todo el amor que sentimos dentro. Aprendamos a abrazar fuerte y apretado para sentirnos conectados y dejar impresa la huella de nuestro cuerpo y nuestro corazón en el otro. Aprendamos a decir 'Te amo', sin esperar el mismo amor a cambio, porque no hay nada más hermoso que sentir y expresar un amor sincero y profundo.  Aprendamos a perderle el miedo a esa bella frase, escudándonos en palabras que no necesariamente reflejan esa verdad que queremos transmitir. Aprendamos también a mirarnos a los ojos y decirlo todo sin decir nada, porque a veces las palabras sobran y las miradas sinceras faltan por montones. Aprendamos hoy, porque mañana puede ser muy tarde.

Sé que tengo tantas cosas aún por decir y demostrar, pero estoy aprendiendo a llevar a cabo cada una de las cosas que escribí, porque no es fácil, para nada. Sé también que la muerte es sólo un instante en el que el corazón deja de latir, es un momento en el que el alma se libera al destino, y en el que los ojos ven una oscuridad o una claridad que te llama y te libera, y que todo lo demás son sólo excusas para responsabilizar al destino o a la muerte de lo que no dijiste o hiciste, de lo que no arriesgaste o intentaste, de lo que no amaste o quisiste. No esperes, porque nada ni nadie esperará por ti. Ahora es cuando...

"Por eso hoy te digo, una y mil veces, y que a pesar de todo, de lo bueno y lo malo, te amo."

domingo, 11 de junio de 2017

La belleza la construyes tú.

A lo largo de los años, los cánones de belleza se han ido transformando y mutando, de acuerdo a los distintos contextos sociales, políticos, culturales y artísticos (entre otros) que la humanidad ha vivenciado. Y sin duda la mujer ha formado parte de esta dinámica, posicionándose como un ente desplegador de belleza, una belleza que sin duda siempre ha estado notoriamente establecida, monitoreada, castigada, criticada, y enjuiciada.

Desde los inicios, las artes han sido en lienzo en el cual la belleza ha encontrado un espacio cómodo para abrirse a nuevos mundos. Lo "bueno" era catalogado como bello, ligándose concrétamente a doctrinas religiosas que posicionaban todo aquello "bueno" como producto de la divinidad misma, por lo tanto, lo que no fuese producto de aquella divinidad, era catalogado como "malo", es decir, como feo. Pero con el paso del tiempo, algunos mutaron esta definición, diciendo que al ser todo una creación divina, todo debiese ser bello. Pero todo partió más o menos en el silgo V a.C., en donde los sofistas (pensadores griegos) comenzaron a definir la belleza como algo agradable que lograba satisfacer los sentidos, haciendo hincapié en que lo bello no tenía porqué ser bueno.

Pero poco a poco fue entrando en juego la subjetividad, aquello que es intrínseco, relativo, propio, individual. Tanto autor como espectador de aquella "belleza", comenzaron a hacerse consciente de su propia subjetividad, validando y expresando sus opiniones propias e igual de válidas que las de otros que, en el mismo instante, y a través de sus sentidos, palpaban una misma "belleza" peculiar. La visión de una verdad absoluta comenzaba a mutar lentamente, dando espacios a verdades diversas, opiniones distintas, miradas múltiples, bellezas imperfectamente perfectas.

Pero con la llegada del cristianismo, la belleza comenzó a depender de la acción de Dios. Fue a partir de ese momento en que el estigma de la divinidad como fuente única de la belleza, fue tomando mayor fuerza. Santo Tomás de Aquino decía que "la belleza del cuerpo consistía en la proporción adecuada de los miembros en el hombre, unida a cierta claridad de color"... proporción, adecuado, hombre (y no mujer), claridad de color. Claramente si uno de los mayores referentes del cristianismo en aquella época definía lo bello de esa manera, no había motivos ni conjeturas para desmitificarlo. El cristianismo no sólo promulgaba la palabra de Dios, sino que también se dedicó por años, hasta los días presentes, a desvalorizar el ser mujer, con todas sus letras.

A pesar de comenzar a visualizarse luces de aceptación de aquella subjetividad, la belleza de todas formas seguía encasillándose en cánones establecidos, dependiendo la época. De esta forma se comenzaron a establecer medidas y proporciones adecuadas, que fueron redefiniendo lo bello a lo armónico. conforme a ciertos criterios definidos por aquellos autoproclamados expertos en la materia.Fue así como los estándares sociales, tanto implícita como explícitamente, hacían que las mujeres se acomodasen a ese concepto de belleza armónicamente dominante, para ser aceptadas y valoradas en una sociedad claramente patriarcal y machista. Sí, el poder ejercido por el hombre desde tiempos inmemoriales, también ha influido notoriamente en lo que hoy, y a lo largo de toda la historia, conocemos y aceptamos como bello. Y así se fueron conjugando distintas teorías, algunas de ellas basadas, por ejemplo, en la importancia del equilibrio matemático de las partes, dando paso poco a poco a las emociones y a la imaginación.

Con el paso de los años, la elite fue hablando cada vez más alto, mostrando mayor notoriedad en temáticas que no sólo involucraban a la política, la economía y la educación, sino que también en lo que se permitía ser catalogado como bello, esa emergente burguesía que fue imponiendo estándares que, hasta el día de hoy, algunos defienden con uñas y dientes. Hoy por hoy los medios de comunicación masivos son el palco para que esa burguesía repulsiva y clasista, nos diga lo que debemos y no debemos hacer, lo que debemos y no debemos decir, lo que debemos y no debemos mostrar, lo que debemos y no debemos sentir, porque para ser bella, no solo debemos tener belleza de cuerpo (definida también por aquella burguesía), sino que como mujeres debemos configurarnos bajo esos cánones para poder "obtener la aprobación de aquellos con lo que se vive por el orden, la firmeza y la moderación de todas las palabras y hechos".

Es decir, no sólo debemos permanecer en la casa porque la mujer es quien se encarga del hogar, no sólo debemos saber lavar platos y planchar camisas porque esas no son "cosas de hombres", no sólo debemos hacernos cargo de la educación de nuestros hijos porque el hombre tiene que generar dinero, no sólo debemos permitir ser violentadas, abusadas y maltratadas porque somos el "sexo débil", no sólo debemos vestir como la 'maldita moda' lo establece porque sino estás "pasado de moda" (y qué mierda significa eso), no sólo debemos tener sexo cuándo él/ella quiera porque la mujer no opina de "esas cosas" (¿tanto nos cuesta hablar de sexo?), sino que también debemos permitir que otros ajenos a nosotras mismas, nos digan si somos bellas o no, y qué implica formar parte de esa tan elogiada elite. De alguna u otra manera, los conceptos de belleza separados entre sí por las distintas épocas de la historia, se relacionan ayer y hoy sin lugar a dudas.

Desde pequeña la aceptación de mi misma fue un tema complejo, tan complejo que evadía tener que mirarme al espejo y no encontrar ni un atisbo de esos decálogos de belleza que me persiguieron desde la niñez. La sociedad, queramos o no, nos va envenenando de tal forma que terminamos convencidas de que no valemos ni un peso, de que la chica de al lado, al tener alguno que otro punto de ese decálogo de belleza, efectivamente es mas bella que tú, que sólo la cirugía plástica te permitirá llegar a ser eso que no eres, pero que es bello (te represente o no), que comer sólo 1.000 calorías diarias te permitirá tener ese cuerpo de medidas 'perfectas' (90-60-90), que la celulitis es una asquerosidad y tener la 'piel de naranja' te hace ver repugnante a los ojos de los demás, que las rubias tienen más oportunidades (de todo tipo), que no tener poto ni pechugas te hace parecer 'machote' y poco femenina, que si no te depilas pareces hombre (cómo si ser hombre o mujer fuera más o menos malo que lo otro)... y así podría seguir y seguir.

Los que me conocen (sólo por fuera) dirán: "ah, pero si tú eres flaca ¿de qué te quejas?", "pero si tiene los ojitos claros, quién como tú", "pero si nunca engordas, ojalá comiera como tú". Y claro, bajos esos estándares famoso yo podría encajar perfecto en lo que se hace llamar bello, pero no. No, porque desde pequeña que me han molestado por ser orejona. No, porque mi ascendencia árabe me heredó una nariz prominente y por dios que gozaban con burlarse de ella desde que era una pequeña niña. No, porque tuve que usar frenillos y tener los dientes chuecos era blanco de burlas. No, no y no. Lamentablemente no nos enseñan a mirar el interior de las personas, nos enseñan a memorizar decálogos de belleza y a ir chequeando quienes los cumplen y quienes no, para que a partir de ellos vayamos construyendo las relaciones enfermizas y tóxicas que tenemos con otros.

¿Quién dijo que las orejas pegadas a la cabeza son hermosas y las grandes y despegadas a la cabeza con horribles? ¿Quién dijo que la nariz prominente te hace más tosca y a la vez menos femenina y menos bella que la nariz recta y diminuta? ¿Quién dijo que las morenas tenemos menos oportunidades? ¿Quién dijo que la delgadez te estiliza y la gordura te deja fuera de ser hermosa? ¿Quién estigmatizó las palabras gordo y bajo (entre otras) como sinónimos de negatividad y problemáticas de las que todos quieren escapar? ¿Quién dijo que tatuarse te hace menos profesional y más antisocial? ¿Quién dijo que tener las piernas lisas es más bello que una piernas contornadas por la grasa y la celulitis normal que casi todos tenemos? ¿Quién dijo que maquillarse es la única manera de resaltar lo hermosa que todas somos y llevamos dentro? ¿Quién dijo que depilarse te hace más higiénica? ¿Quién dijo que a la menstruación hay que llamarle "estoy en mis días"? ¿Quién dijo que no optar por ser madre te hace menos mujer?...

Años me costó entender que soy yo la responsable de que la belleza sea entendida por mí y aceptada por mí como yo quiera hacerlo. Años me costó desprenderme del qué dirán (y que creo que aún estoy en proceso) y decir y hacer lo que me nace del corazón. Años me costó mirarme al espejo y ver mi interior y saber que al estar conectada con esa subjetividad propia, podría reflejar la belleza que para mí era entendida como belleza. Años me costó mirar mis pechos y no acomplejarme el no tener las medidas establecidas, y mirarlos ahora como únicos, bellos y míos. Años me costó entender que no por ser rubia de ojos azules como mis hermanos, no era más que la hermosura de la diversidad de los colores humanos. Años me costó entender muchas cosas, hoy las comprendo, las concientizo y las hago parte de mí intensamente.

Hoy me acepto tal como soy. La moda imperante ya no me obliga a ser lo que se espera de mí, a lo que se espera de ser mujer, usando por ejemplo, vestimentas poco prácticas, zapatos con tacones inverosímiles que sólo generar dolor y no te dan altura de mira (que es lo que hace falta), maquillaje que oculta esas marcas que la vida dejó en mi rostro y que estoy orgullosa de llevarlas conmigo, atuendos que oculten esa pancita mía que poco a poco voy amando, palabras que las mujeres no debiesen decir sólo por ser mujeres y que hoy utilizo con empoderamiento y firmeza. No quiero ser más esclava de la cultura dominante, de esa cultura que te amarga poco a poco, que te hace desconfiar de ti misma, que te hace menospreciarte y no valorarte, que te hace compararte y denigrarte por ser mujer, que te hace olvidar que más que hombres y mujeres somos seres humanos todos con los mismos derechos y deberes (o así debiese ser), que te hace creer que el desnudo femenino es pecaminoso y no una expresión de la belleza misma de cada una de nosotras, que no te permite emanciparte física, mental y espiritualmente... que no te permite construir por ti misma lo que es ser mujer.

Despleguemos nuestras alas y dejemos volar a esa persona interna que sueña y muere por ser quien es, sin ataduras ni prejuicios. No permitamos que la sociedad enferma en la cual estamos insertos, siga introduciéndose en lo más profundo de nuestro ser, invalidando a cada una de nosotras como seres únicos, con bellezas irrepetibles y maravillosas en sí mismas. No dejes que te destruyan desde los más íntimo de tu ser, desvalorizando tu cuerpo, su mente y tu alma. Constrúyete a ti misma como tu lo desees, cómo tu lo quieras, cómo sólo tú sabes amarte... porque tú belleza la construyes tú misma.

martes, 23 de mayo de 2017

Sentir es vivir...

Han pasado meses y a veces pareciera que el tiempo no pasara tan rápido. Cuando empecé a escribir me propuse hacerlo cada cierto tiempo, 2 semanas creo que fue lo que dije, pero claramente esa propuesta no se cumplió. Es increíble la cantidad de cosas que han pasado, el agua bajo el puente que ha corrido - como dicen por ahí -, los sentimientos experimentados, los dolores sufridos, las alegrías conquistadas... dejar pasar el tiempo te permite entender, entenderte, extrañar, extrañarte, cuestionar, cuestionarte, sentir, sentirte.

Sentir. ¿Qué significa sentir? La bibliografía más purista nos habla del sentir como una forma de percepción de una sensación proveniente de un estímulo externo o del propio cuerpo. Otras definiciones más filosóficas nos hablan que el sentir tiene que ver con la percepción de pasiones, sensaciones, sentimientos, emociones, afectos y deseos. Donde busquemos respuestas a esta pregunta, nos encontraremos con un abanico infinito de definiciones que, al fin y al cabo, convergen en un mismo punto en común: sentir es vivir.

Justamente, hace una semana atrás viví una experiencia que me hizo cuestionarme el sentir, ese sentir tan arraigado en las personas pero tan poco libre, tan limitado, tan cuestionado, tan mal mirado... pasaba el día, las horas iban sumando y el cansancio se hacía mas evidente. La gente deambulaba de un lado a otro, algunas corriendo, otras riendo, unas pocas conversando, algunas con el peso del cansancio, similar al mio. Algo quebró el esquema en este contexto, algo que no me pareció, y desde mi ser más natural, emergió molestia, enojo. Lamentable o afortunadamente, mi rostro evidenció de inmediato que algo pasaba conmigo (algo poco común en mí, por lo que escuché), algo que detonó miradas de reojo hacia mí, miradas penetrantes, miradas esquivas, miradas invasivas, miradas condenatorias. Algunas me preguntaron ¿qué te pasa? y al responder que estaba molesta, se apartaron, respetando mi sentir. Otras al hacer la misma pregunta me decían cosas como "¡ay!, pero para que te enojai", "ya pero que le poni's color", "no te amarguís", "oye pero si al final la que más mal lo pasa erís tú si te enojai", y podría seguir repitiendo frases de ese mismo estilo.

Y ahí, después de procesar cada una de esas "frases para el oro", mi enojo se intensificó, y por Dios que se intensificó... ¿quién eres tú para determinar si debo enojarme o no? ¿cuándo se dijo que sentir es para algunos y no para todos? ¿porqué debo abstraerme de lo que siento? ¿en qué momento dejamos de aprender o nunca aprendimos a respetar lo que sentimos y lo que sienten los demás? ¿en dónde guardamos el sentir para no incomodar?  Fue tan evidente comprender un sin fin de cosas que aparecieron en mi cabeza, tan esclarecedor, tan perturbador, tan triste, tan inhumano, que comencé a entender la enorme pobreza emocional que nos rodea cada día.

Siempre he sido de la idea de que la libertad personal termina cuando comienza la libertad personal del otro. Los límites son imperceptibles, invisibles, frágiles, tanto así que cuando los cruzas no te estás dando cuenta de las enormes consecuencias que esto conlleva. Consecuencias ni buenas ni malas, consecuencias como tales. Y el sentir es tan personal, tan único, que no debiese existir persona alguna, institución, gobierno, que te imponga cómo debes sentir, qué sentir. Darte cuenta que, de una u otra forma, desde que eras un niño, desde que era una niña, nos dijeron "ya! deja de llorar", "pero para qué te enojas si yo tengo la razón", "mucha risita por ahí ah?", "para de llorar mamón", "las niñitas como tú no andan diciendo esas cosas", "los hombres no lloran", "las mujeres con unas histéricas", es aterrador,..

Y te vas dando cuenta que no nos educan emocionalmente. La sociedad por siglos ha funcionado de cierta manera, con ciertos engranajes y estructuras que pocos han tenido el coraje de cuestionar y transformar. Es fácil entonces seguir encajando en ese sistema que te dice desde pequeño que los hombres no lloran por ejemplo, porque por Dios que debe ser difícil explicarles a los niños que perfectamente como humanos, todos tenemos la capacidad de llorar, y más que la capacidad, las ganas genuinas de hacerlo y por las razones que sean. Más fácil es seguir vistiendo a las niñas de rosado que romper los paradigmas y enseñarles a ellas que colores hay por montones y que ninguno tiene género definido, sólo son. Claramente es más fácil seguir por ese camino seguro, conocido y apaciguador, que abrir los ojos y el corazón y arriesgarte por esa vida con tus propios desafíos, con tus propias convicciones, con lo pedregoso del camino pero que más que heridas deja huellas de sabiduría y valor, tirar todo por la borda para ser feliz, Debe ser más fácil continuar guardando los sentimientos, porque demostrarlos y explicarlos requiere de tener que sentarte a compartir con otros y ser auténtico contigo mismo. ¿Cómo no nos hemos preocupado de educar en la emocionalidad? ¿Cómo no nos hemos preocupado de aceptar y aceptarnos, comprendiendo poco a poco lo que sentimos? ¿por qué nos cuesta tanto hablar de emociones y no avergonzarnos? ¿por qué quienes evidencian mayor emocionalidad son etiquetados como débiles? ¿por qué no podemos decir un 'te amo' sin la necesidad de esperar uno de vuelta? ¿porqué no dejarlo todo y entregarte a eso profundo que guardas en tu corazón?

Y así es como tristemente nos vamos dando cuenta que no somos capaces de comunicarnos, que no somos capaces de parar por un par de segundos y comprender lo que sentimos, que no somos capaces de demostrar sentimientos y emociones por el 'qué dirán', que no somos capaces de abrir nuestro corazón y aceptar que amamos con locura, que odiamos con intensidad, que nos enojamos con potencia, que nos entristecemos con fuerza, que nos alegramos con efusividad, que no somos capaces de dejar y olvidar lo que debiese ser en vez de encontrar lo que nos hace realmente felices, que no somos capaces de nada más que criticar, enjuiciar, desvalorizar, minimizar lo que sentimos, lo que sienten otros, lo que sientes tú, lo que siento yo.

Llorar nos purifica el alma, reís nos libera tensiones, enojarnos nos permite conocer nuestros límites, avergonzarnos nos entrega las fuerzas para enfrentar con mayor soltura y comodidad lo que nos complica, sorprendernos nos abre ventanitas de emociones burbujeantes, abrazar nos conecta, besar nos une, amar nos debiese hacer a todos felices. Sentir es vivir, vivir es sentir, y comenzar a practicarlo es una gran tarea, una gran responsabilidad, una gran travesía para todos...

Arriésgate, 'tírate al río', di lo que callas, despliega tus alas, abre tu corazón, llora hasta que los ojos se te sequen, ríe hasta que el estómago te duela, enójate como si hirvieras como una tetera, asústate para reactivarte, averguénzate para saber qué todo no era tan grave, baila como tú quieras hacerlo, canta aunque se rompan todos los vidrios, llama a esa persona con la que quieres conversar hace tiempo, escríbele a quien quieras leer de vuelta, abraza y entrega todo el calor que tienes, toma de la mano a quien necesite de tu apoyo, escucha esa música que te fascina y te hace vibrar, camina y disfruta de las bondades de la naturaleza, escúchate y reencuéntrate contigo mismo, respira profundo, ama a esa persona aunque todos crean que no es la indicada... porque hoy es tiempo de aceptar que tanto tú como yo sentimos y que saberlo, aceptarlo y vivirlo, es lo mejor que nos puede pasar.