martes, 21 de febrero de 2017

Abrazarte o soltarte...

Hace días no escribía. Algunos ideas surgieron, después se desvanecieron, no lograba tomarlas con fuerza para poder bajarlas, comprenderlas, hacerlas parte, compartirlas. De una u otra forma no eran relevantes, por lo menos en ese momento. Hasta que algo pasó, algo que tiene que ver con este periodo de autonocimiento, con una especie de catarsis que se desplegó poco a poco por cada parte de mí, como el agua en una represa contenida que abre sus puertas y fluye entre los ríos, con fuerza, con vida en ella misma como también con vida para entregar, como la sangre en mis venas que al fin, siento.

¿Qué es la amistad? Complejo de responder. Algunos podrían definirlo académicamente como una relación de afecto que se establece entre las personas. Otros como un tipo de relación que se da entre personas que no son de tu familia. Unos cuántos como relaciones con distinto grado de importancia y trascendencia. Y así podría seguir infinitamente. ¿Tú te lo has preguntado? Yo hace muy poco... justo en un momento en que las palabras entraron como puñal para dejar liberar lo contenido, lo poco entendido.

Si viajo al pasado y trato de conectarme solo con el corazón y buscar un indicio de lo que podría encarnar la palabra 'amistad', logro encontrar algunos recuerdos, la mayoría borrosos, poco claros, extraños, en los que de una u otra manera hago posar esa palabra sobre ciertas personas.

Pensarán que como niña, debo haber tenido un montón de amigos, porque se cree común que los niños gozan de una cantidad incalculable de amigos, pero no. Más bien era relativamente rechazada, de esas niñas inseguras, incómodas, con un montón de miedos, que se transformaba en el punto focal de algunos cuántos que, disfrutándolo o no, hacían fiesta a partir de las debilidades de los otros, o simplemente, de lo que era ser otro distinto a ellos, a todos, a ninguno.

Para qué voy a entrar en detalles sobre las palabras escuchadas como agujas en la piel, para qué mencionar los actos que se apoderaron de mí dejando heridas abiertas que fueron quedando como puñaladas llenas de groserías y diminutivos menoscavantes. Para qué describir como esas puñaladas dejaron el espacio de la navaja marcada en la piel, y en donde sobre los surcos quedaron los residuos de todo aquello y más.

Esa incomodidad siguió por largos años, años que  más que disfrutar, los viví bajo las sombras que se fueron creando y que fueron escondiendo lo más interno de mí. No les voy a mentir, no todo fue miedo, también hubieron destellos de luz maravillosamente luminosos, que lograron colarse a través de esta muralla y hacer brillar dentro 'puras cosas buenas'. Como cuando iluminas un cuarto totalmente oscuro con un pequeños destello, pero que marca una diferencia profunda y sutil.

Personas maravillosas lograron colar un pequeño destello, a quienes les guardo un cariño infinito... fueron pocas pero magníficamente importantes. Al final, de aquellas cosas y personas, por Dios qué aprendemos. Es un aprendizaje continuo e inacabable, del que poco a poco vas extrayendo nuevas semillas que formarán parte de una vegetación que respira... respira valor, fuerza, coraje, convicción, felicidad, amor (entre otras miles...).

¡Si les contara lo que me costaba construir amistades! Siempre había algo en mí que los otros detestaban: entre problemas médicos (físicos), mi personalidad y qué se yo qué cosas, sencillamente me terminaba transformando en el bufón de los demás. Ni se imaginan el dolor interno diario que sentía cada vez que amanecía otro día, sonaba la alarma y te dabas cuenta que nuevamente, al igual que todos los días anteriores, pisarías aquel lugar y más de alguno me miraría, pero no me observaría, me hablaría pero no me escucharía, me intimidaría pero no me aceptaría. Y perfecto, ustedes dirán: "los niños son así, no se dan cuenta, no lo hacen con maldad"... yo les puedo decir que los niños no son así, sí se dan cuenta, y más que lo hagan con maldad o no, han terminado normalizando lo que no se debe normalizar.

La educación parte en casa, y yo hoy estoy convencida que ese tipo de conductas no son culpa de los niños quienes las emiten, sino de aquellos padres, hermanos, familiares y cercanos varios, que juran que cuando llevan a cabo ciertas acciones o palabras, los niños no se darán cuenta, no las imitarán... Como adultos somos responsables principales de que lo que los niños aprendan, sea el reflejo de una vida sana, consciente, respetuosa, empática, amorosa. Ahora entiendo porque hasta hace tan poco no lograba definir lo que la amistad, para mi, significaba.

Conversando con una amiga de la vida, de esas que su destello sigue iluminándome, me comentaba una situación particular con otra amiga de ella... luego de eso, me dijo: "al final aprendí que las amistades no hay que forzarlas", y claro que le encontré la razón. La mayoría de nosotros no sabemos cómo soltar, dejar fluir lo que no te permite fluir a ti mismo. Como lo escribí en mi entrada anterior si no me equivoco, nos aferramos enfermizamente a cosas y personas que sencillamente, no nos aportan, y claramente nosotros a ellos tampoco. Como lo describe sutilmente una bella canción: "Ya no pudimos frenar lo inevitable. Ahora intento lo imposible, abrazarte o soltarte, ya no puedo decidirme". Al fin y al cabo, las relaciones con otros deben o deberían ser bilaterales, en donde las dos partes estén dispuestas tanto a dar como a recibir. A abrazar cuando hay conexión, a soltar cuando ésta no existe.

Justamente estoy en en el proceso de soltar, soltar particularmente a todas aquellas personas que no me aportan y que yo no les aporto. O, por qué no decirlo, soltar a quienes yo si les he entregado mucho y ellos poco o nada. Y supongo que a quienes yo no les estaba aportando nada pero ellos sí a mi, ya me habrán soltado... gracias por eso. Poco a poco, y por consecuencia también de este autoconocimiento, es que he ido logrando definir lo que para mi significa la relación con un otro y quiénes hoy forman parte de esa maravillosa conexión. Relación en su sentido amplio, como esa red de conexiones con otros que superan lo racional para dejar fluir honesta y sinceramente, lo que sentimos por el otro y por lo que construimos juntos.
No daré nombres... pero aquellos seres majestuosamente especiales saben quienes son, y saben que hoy construyen 'algo' junto a mi y yo junto a ellos. Gracias infinitas a ellos, quienes se han permitido conocerme como también me han permitido conocerlos a ellos, y digo conocerse de la manera más profunda, más allá de nuestros colores favoritos, sino más bien, sobre la base de quienes somos individualmente, nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestros sueños, nuestros dolores...

Perdóname si no te llamo, pero debes saber que detesto conversar por teléfono. Disculpa si no te he ido a ver seguido, pero debes saber que a pesar de tener una 'buena condición física', soy una floja. Disculpa si no te digo 'te quiero' como te gustaría escuchar, pero debes saber que mi lenguaje no verbal te lo está diciendo a cada instante. Disculpa si no hablo todo lo que necesitas, pero debes saber que soy más bien callada y que escucho más de lo que hablo... y quiero que sepas que tienes un lugar gigante en mi corazón, que te pienso muchísimo, que recuerdo las anécdotas que hemos vivido y río y lloro con ellas, que te quiero incalculablemente. Ahora que lo pienso mejor, no te pediré más disculpas... yo soy así y así si quieres, me querrás. Así como yo quiero quererte como eres.

Gracias también a aquellas personas con las que perdí el contacto (por motivos diversos), pero de las que hoy comprendo que formaron parte de mi vida y salieron de ella porque era él momento de que así fuese, no antes, no después. A quienes dejaron semillas ingerminables, espero que sean felices, inmensamente felices. A quienes yo les deje una semilla ingerminable, ahora les mando energías bellas y les deseo lo mejor en su existencia...

jueves, 9 de febrero de 2017

(...) Lo normales que somos cuando ya no lo somos.

Me encanta el cine, me encantan las historias, me encanta quedarme pensando en cada escena, diálogo y conflicto dentro de ellas. Una vez mi papá me dijo: "me gusta relajarme con las películas, no hacerme caldo de cabeza"... y esta bien. Él opta por un relajo simplista (desde mi punto de vista), yo opto por un relajo más concientizado, si es que puede llamarse de esa manera. Y claro, podrán pensar "esta mina (palabra totalmente real al contexto actual chileno juvenil) no cacha que hay películas y películas", y fíjate que sí, lo sé, y al ver aquellas de relajo simplista no siento nada, y ese es el punto, sentir :)

Digo que me encanta el cine pero la verdad, se poco y nada sobre ello. Y te das cuenta de eso cuando vas explorando nuevas historias cinematográficas y más experiencias con el 7mo arte, de las cuales vas extrayendo de cada una de ellas, sentimientos, ideas, formas. Es como una ventana abierta a mundos a veces desconocidos, otros conocidos pero que te causan miedo, mundos que son tal cual al tuyo pero que no has querido ver. Hoy día quise buscar una película que me hiciste sentir y no me van a creer pero llegué a la tan aclamada y famosa 'American Beauty', y sí, ha mis 28 años no la había visto. Cuando me di cuenta de eso dije: "bueno, ¿y qué?, hoy era mi día para verla, no antes, no después"... y por Dios ¡qué película! Qué manera de plasmar tan sutilmente bien esa mierda en la que todos vivimos, de la que somos parte y no somos lo suficientemente valientes para dejar.

Parte de mi entorno directo y familiar tiene un dejo de aquel malestar, de esa mierda. Claramente cuando eres un infante formas parte sin concientizarlo. Y a medida que vas creciendo, pasa el tiempo y vas cultivándote, te vas haciendo consciente de que todo lo que llevas de vida hasta ese minuto, ha estado envuelto en un manto que te incomoda, que no te deja ser quién eres. Y no estoy aquí para culpar a nadie, ni para juzgar sobre aquella forma de vivir, sólo relato hechos, hechos concretos y verdaderos. Como conversaba una vez con una psicóloga a la cual fui cuando comencé a 'despertar': cada persona tiene su historia y las decisiones tomadas en su momento responden al contexto, las circunstancias, las emociones, a esa historia particular y única de cada uno de nosotros.

Todos experimentamos la rabia, el enojo, la frustración (entre otras cosas), por ejemplo, cuando nuestros viejos nos llamaban la atención o no nos daban permiso para salir, o cuando conversabas con ellos de temas 'poco comunes' y no podías entender cómo pensaban lo que pensaban y aún así seguir viviendo como si nada. Y claramente yo no quería eso para mí y ahí la rabia me hacia odiarlos de cierta manera, una rabia poco o nada comprendida por mí misma en ese momento. Hoy vuelvo atrás y entiendo, entiendo tanto y más, aunque no lo comparta, aunque no lo haga parte de mi vida. Hoy soy cociente de su historia, de esa historia que nos hace únicos y por la cual yo soy yo y tú eres tú. Pero a pesar de esto, todos y cada uno de nosotros tiene la oportunidad de despertar: despertar en el sentido tan simple y complejo a la vez de hacerte cociente de esa realidad, tú realidad, de cuestionarla, de preguntarte y responderte, de sentirla y ahí, recién en ese minuto, construirte bajo tus propias convicciones, y no las impuestas, no las normalizadas, no las dormidas.

'American Beauty' da una pincelada hermosa para plasmar esa realidad no cuestionada. El clásico "qué dirán" que todos conocemos, esa frase enferma y endemoniada que nos domina y nos envuelve en su manto asqueroso y putrefacto, haciéndonos olvidar quienes somos realmente, qué queremos de corazón, qué es lo que nos hace real y profundamente felices, qué es lo que nos hace sentirnos completamente cómodos y agradados, qué nos conecta, qué nos hace sentir de verdad. Todo es tan fríamente calculado, tan lejano a nuestro ser... que compra esto, que di esto otro, que compórtate de es manera, que ponte esa ropa, que peínate así, que muévete de esa forma, qué quédate callada, qué no opines, qué te muevas como todos nos vemos, ¡que dejes de sentir mierda! ¡Y no! Yo no quiero esto para mi vida y estoy segura que tú tampoco.

Por favor, aprendamos a conectarnos con nosotros mismos, con nuestro ser interior. Aprendamos a conocernos, a pesar de lo impactante que pueda llegar a ser al darte cuenta que quien creías que eras no es ni una pisca de lo que realmente escondes en tu ser. Desde fuera todo parece perfecto, aunque en realidad por dentro es un desastre... ahí está el dicho manto encubriendo lo que se conoce como indigno, sucio, inmoral, en vez de dejar entrever la autenticidad y fidelidad de nuestras vidas, por muy crudas que ellas sean. Dejemos de normalizar cosas que no debiesen porqué estar normalizadas: existe el divorcio, el aborto, la homosexualidad, la marihuana, el sexo, el amor y un sin fin de cosas que al parecer, no encajan en esa 'normalidad' porque se pretende que todos las vivamos de igual manera ¡y no! yo no amo como tú, no tengo sexo como tú, no conformo una familia como la tuya, no siento como tú porque somos únicos y debemos ser capaces de comprender que no hay una forma, no hay una manera, no hay una normalización, hay vidas únicas que quieren vivir, quieren sentir sin ser juzgadas, sin ser apuntadas con el dedo, sin ser discriminadas, sin valer menos que tu propia vida.

Kevin Spacey (quien interpreta a Lester Burnham) dice molesto: "¡pero si es solo un sillón!" cuando intenta besar a su esposa y ella se preocupa por la copa de vino que podía derramar líquido sobre dicho sillón. Qué mejor ejemplo de lo dormido que estamos, de lo muertos que estamos. Tanto así que preferimos preocuparnos de ese sillón probablemente sucio, porque ni siquiera se ha manchado, porque estamos preocupados de lo que aún no ha pasado en vez de ocuparnos de lo que está ocurriendo bajo nuestras narices, frente a nuestros ojos, debiendo ser ello lo que haga latir nuestro corazón. Manchemos juntos ese sillón y después de conectarnos como sabemos hacerlo, podemos limpiarlo juntos, como otra aventura en nuestras vidas, porque la vida se trata de eso, de aventurarse hasta por las cosas más pequeñas, porque de ellas, estoy segura, aprenderemos infinidades.

Que nuestras vidas no se trasformen en una "propaganda de lo normal que somos cuando ya no lo somos", que nuestras vidas no sean una farsa, por favor. Como leí en algún lugar: que no sea necesario depender de válvulas de oxígeno para sobrellevar la vida que llevamos, sino más bien, que el aire que respiramos sea suficiente para disfrutar, amar, sentir y ser auténticos.

PD: Creo que descubrí cómo seguir con este Blog...

lunes, 6 de febrero de 2017

Comencemos...

Empezar un Blog no es nada fácil... algunos pensarán que los que tienen 'aptitudes' para escribir les deberá fluir naturalmente las letras, las palabras, las frases, las oraciones. Alguna veces sí, otras veces no.
Recuerdo que desde mi niñez siempre tuve una especie de conexión especial con la lectura y la escritura, que fue haciéndose más tangible y lúcida a medida que pasaba el tiempo. Mágico fue cuando tuve que leer ciertos títulos en mi época escolar, y descubrir que la lectura no debe ser una obligación, una imposición, sino más bien un encuentro maravilloso entre tu mundo personal y ese mundo enigmático que vas leyendo. Sé y estoy consciente que la estructura de nuestro sistema educacional está construido de tal manera que hoy en día debemos imponer la lectura, en vez de cultivar la 'chispa' interna en cada uno de nosotros por empaparnos con historias maravillosas a través de la lectura.

No fue hasta la enseñanza media que tuve el agrado de leer títulos enigmáticos y, a partir de ellos, descubrir aquellos géneros que me emocionaban, aquellos autores con los que me conectaba, y aquellas palabras con las que sentía que salían desde mi propio interior ¡Ojalá todos pudieran lograr esto! Soy Educadora y cuando observo que mis niños, de una u otra forma, logran estremecerse al conectarse con un libro, se me aprieta el corazón y la sangre comienza a fluir alegre, motivada y enorgullecida de esas pequeñas y grandes mentes.

Para no perder el foco de este inicio, tendré que hacer una lista de las cosas que me van surgiendo... es increíble cómo la mente se expande cuando la estimulas.

Y así, a partir de aquellos libros, autores e historias, mi 'habilidad' para escribir fue saliendo a flote.
Sentía que tal cual como esos autores pudieron trasmitir sus mundos interiores, yo también podría hacerlo... y partí escribiendo ensayos. Los ensayos fueron la puerta abierta para este mundo de las letras, en el cual la estructura del formato me permitió entender sobre la argumentación, la coherencia y la cohesión del texto, y de ahí sólo tenía que abrir mi corazón.

Imagínense hace cuánto fue eso ¿unos 15 años? Y hoy, hoy febrero de 2017, puedo decir que aprendí a abrir mi corazón. Seguir un formato, respetar una estructura son fáciles en comparación a lo complejo que es el camino del autoconocimiento, ese camino que tiene de pedregoso como de calmo, de melancólico como de eufórico, de enormes tristezas como de grandes alegrías, de despojos como de encuentros, de miedos como de fortalezas, de consiente como de inconsciente. Enfrentarse a los miedos más profundos del alma es una tarea que requiere de valentía y coraje, porque en ese descubrimiento puedes perderlo todo, todo y más.

Durante todos estos últimos años, inocentemente creí que sabía de mí, de quién era, lo que me gustaba y desagradaba, lo que quería en mi vida y para mi vida. Pero no era así, y llegar a ese punto crítico en que te das cuenta que no te conoces, es una de las cosas más fuertes que he vivido. Mirar hacia atrás y preguntarte ¿entonces que he hecho de mi vida? ¿qué tipo de decisiones he tomado si no me conozco? ¿qué he hecho de mí misma si no sé quién soy? Y así podría seguir escribiendo las preguntas que me hice, pero que ya no valen la pena plasmar aquí.

Una de las primeras cosas que tuve que asumir, es que no todo lo podemos solos. Soy consiente que cada uno es responsable de su propia vida, que no debemos cargarle al resto tu vida, pero también sé que, a veces, no podemos solos, que no somos menos, qué se yo, fuertes, por pedir ayuda, por escuchar un consejo, por humanizarte. Gracias a eso pude apoyarme en gente extraordinariamente maravillosa, como también dejar de lado a otras que, tan simplemente, no querías que siguieran formando parte de tu camino. Y es sumamente difícil, soltar es sumamente difícil. Tenemos la costumbre de aferrarnos enfermizamente y olvidamos que somos seres que venimos y nos vamos casi sin darnos cuenta y que ese tiempo aquí, en este vida, debemos aprovecharla con lo simple, lo mágico, lo profundo.

Finalmente, aquí estoy, frente a este computador que estaba cubierto de polvo, polvo que era el fiel reflejo de esa vida dormida, cauta, dudosa, escondida, miedosa. Y conste, no digo que esa etapa haya sido mala o que esas definiciones deban ser encasilladas como 'negativas', más bien, son etapas de aprendizaje, de continuo aprendizaje que han forjado e impulsado, de una u otra forma, lo que hoy soy. Y no se imaginan las ganas fervientes que siento por escribir, por escribirme, por escribirles, por dejar abierto ese canal que conecta la mente con el corazón, el interior con el exterior.

Ventanas Abiertas será mi espacio, tu espacio si lo quieres así. Ventanas abiertas son aquellos pequeños espacios internos que se van abriendo en mi vida, como especies de escondites cerrados de los cuales estoy feliz de ir encontrando sus llaves una a una, llaves que mágicamente ya no están...