Acabo de salir de una larga ducha, de esas calientes que queman el cuerpo, como una forma ilusoria de autoconvencernos de que el frío no existe, que el frío sólo es psicológico. Hay música de fondo e inevitablemente, después de salir del baño, miro mi cama invitándome a lanzarme a ella para mirar el techo que pierde sus límites y disfrutar del vuelo que venía alcanzando mayor altura desde hacía varios minutos atrás.
Después de un breve reencuentro conmigo misma, comenzaron a llegar a mi cabeza cientos de imagines y frases que, en un comienzo, no me hacían mucho sentido, y las cuales no podía conectar
hasta que, como siempre debe ser, me dejé llevar por las imágenes y por las sensaciones, y poco a poco comencé a ver con más claridad todo ese torbellino de elementos que fueron apareciendo uno tras otro.
Primero una mujer, socialmente catalogada como bella, hermosa, guapa, mina, exquisita, hace un par de semanas se separó de quien era su pareja. Algunos se preguntaron en ese entonces que qué podría haber pasado si "la mina es perfecta y el loco las tiene todas" (esto lo escuché de verdad), como si eso definiera su forma de relacionarse y tener 'éxito' en la vida. "Es perfecta"... es perfecta. "Las tiene todas"... las tiene todas. Que particular forma de catalogar y juzgar abiertamente, de lo que no tienes ni puta idea.
Creo que la mujer en cuestión, al igual que su reciente compañero/a, es una mujer más en la historia de la humanidad que está aprendiendo a ser. Aprendizaje que es prolongado, en algunas ocasiones avanza a pasos agigantados, como en otras se siente que falta vida para seguir enriqueciéndose. Nadie nos enseñó a construir vínculos potentes, relaciones construidas desde las entrañas, en donde el sentir mismo de esa conexión alumbre tu ser como si fueras una estrella en su máxima potencia y luminosidad... y claro, ¿quién nos podría enseñar lo que aún no hemos vivido, lo que aún no hemos experimentado, sobre todo con la cantidad de personas y formas que cada una tiene para relacionarse? No existen verdades absolutas, está claro, pero con el tiempo me he ido dado cuenta que la experiencia te enseña un millón de cosas y que eres tú, y sólo tú, quien debe prestar atención a las señales que poco a poco se van haciendo más y más visibles para ti.
Ahora hago memoria de mis propias relaciones anteriores y de porqué cada una de ellas tuvo un final... claramente en mi contexto nadie al enterarse de mi situación se dijo a si mismo "pero que pasó si la mina es perfecta y él las tiene todas" jajajaja... y yo como protagonista de la historia tampoco tenía muy claro la verdad, los motivos o razones por las cuales el desenlace tuvo que llegar. Jóvenes y alocados (aún alocados) no entendemos aún muchas cosas, de las cuales el pasó de tiempo y otras experiencias vividas, nos fueron dando luces y el entendimiento hizo de las suyas para finalmente comprender para qué, cómo, qué.
Hay un dicho que dice: "toda escoba nueva barre bien", ¿la han escuchado? Bueno, a veces esta frase aplica a esos comienzos de relaciones majestuosos en donde todo, al parecer, 'funciona' de maravillas. Ritmo cardiaco acelerado, mariposas en el estómago, cabeza revuelta... elementos que, con todo mi respeto, debiesen manifestarse en todo momento de la relación, y no sólo "cuando la escoba nueva esté barriendo bien" (¡y qué significa esto por la cresta!... el estrecho entendimiento de lo que se espera que debiese pasar).
Y claro, en los inicios, todo o casi todo, nos parecía magnífico. A pesar de sus diferencias y/o gustos distintos, ahí estabas, disfrutando con el otro aquellas cosas que goza sólo uno de los dos, pero tu aperras y te motivas a gozar con él/ella. Y pasa el tiempo y, a lo mejor, en una de esas, te vas dando cuenta que puede que no tengas las mismas ganas de disfrutar eso tan particular que aprendiste a incorporar en tu vida porque era parte de la vida del otro, y ahora hasta te incomoda, te molesta o, simplemente, no quieres seguir practicándolo porque no es de tu interés. Pero cómo se lo dices sin que se sienta 'mal' o menospreciado/a, después de todas esas experiencias en las cuales, fingidas o no, compartiste y disfrutaste con él/ella.
Llega un punto en la vida, en el camino de las relaciones, en que todas estas pequeñas incomodidades empiezas a salir a flote, poco a poco o de sopetón, dependiendo cada contexto y situación. Y es ahí, en ese minuto clave en que debes, y te lo debes a ti mismo/a, preguntarte... ¿estoy dispuesta/o a lidiar con esto, siempre y cuando lo converse abierta y honestamente con el involucrado/a y lleguemos a un consenco mutuo? ¿o prefiero seguir en la dinámica del fingir mis emociones con tal de que el otro no 'sufra' o 'se sienta mal' si se lo planteo? ¿será que la rutina, la maldita rutina, está tan compenetrada en mi ser que, aunque no quiera seguir con esto, sigo estando porque me da miedo lo que pase si lo dejo? ¿soy realmente valiente y honesto/a conmigo mismo/a para dejar lo que no tiene sentido para mi vida? ¿puede ser que ahora estoy viendo las cosas desde otro punto de vista y claramente no estoy de acuerdo con varias cosas, pero soy lo suficientemente claro/a en plantear lo que ocurre porque quiero apostar por esto? ¿o es tiempo de apostar por lo que realmente a mí me moviliza?... no todo pasa sólo por un par de pechugas o un pene de buen tamaño, ¿se entiende?
Desiciones hay muchísimas, y ninguna tiene más o menos peso que otra, pero debemos tener en claro que debemos ser capaces de poner sobre la mesa todas esas inquietudes, miedos, resquemores, y sentirlos, concienciarlos, trabajarlos, modelarlos, comunicarlos, y sea la elección que sea que tomemos, la hagamos desde la conciencia misma que eso es lo que queremos para nuestra vida. Porque no somos perfectos, no las tenemos todas, no somos seres estáticos que como llegamos nos vamos, y porque si la historia y nuestra propia experiencia, a pesar de lo difícil que sea, nos enrostra en la cara que aún el corazón late, las mariposas revolotean y la cabeza se enloquece, es ahí donde debemos estar... aunque sea esporádicamente, en ocasiones, todos los días o algunas veces, sólo disfrútalo, gózalo, siéntelo, vívelo.
Y es en esos momentos en donde podemos ser capaces de responder a esas preguntas que antes escribí (y otras tantas que cada uno debe formular en su mundo individual), porque es en ese instante en que comprendemos el para qué en vez del por qué. Las cosas no son blancas o negras, hay un sin fin de matices que acompañan nuestra vida y la forma en que nos relacionamos y construimos experiencias con otros, nos dará las directrices para actuales vínculos en las que hoy estemos embarcados. No es lo uno o lo otro, es lo que te suma de esas dos, tres, cuatro, o cuantas otras cosas, con todos sus altos y sus bajos. Decidir o elegir tiene mucho más que ver con lo que queremos más que con lo que se espera de nosotros... porque sino, sería apegarse a una imposición y no a seguir tu corazón.
Entonces, ¿qué pasó en esas antiquísimas relaciones? El corazón dejó de latir, las mariposas dejaron de revolotear, la cabeza dejó de funcionar... y así el interés y la motivación por aperrar, intentar, probar, proponer, cuestionar, imaginar, crear, modificar, crecer, aprender, empatizar, comunicar, creer, dejaron el cuerpo y la mente para embarcarse en otras aventuras en las que sí se les preste el oido y la atención para formar parte de vínculos llenos de fuego interior.
Esa mujer del inicio, así como cada una de los seres humanos de este planeta, iremos forjando esas inicios y esos quiebres de acuerdo a la historia de cada uno de nosotros. "Ella es perfecta y él las tiene todas"... nadie es perfecto y nadie las tiene todas. La perfección no es absoluta.
Lamentablemente el vuelo va descendiendo y las palabras van siendo cada vez más escasas... el cansancio del día también hace lo suyo. En ocaciones no logró escribir con la rapidez en que las ideas viajan a grandes velocidades dentro de mi, pero creo que esta vez, tal cual como en ocasiones anteriores, logré plasmar lo que late, revolotea y enloquece dentro de mí.
Porque cuando te veo...
Escribir para darse cuenta, escribir para concientizar, escribir para hacerse cargo, escribir para transmutar... escribir para sanar.
miércoles, 6 de junio de 2018
martes, 20 de marzo de 2018
Insurgencia femenina...
Sé que muchos deben haber escuchado o leído este último tiempo, sobre el empoderamiento, sobre todo el empoderamiento femenino. Yo particularmente, me he estado cuestionando un montón de cosas que tienen estrecha relación con esto, partiendo por definir lo que significa empoderamiento, para luego entenderlo, comprenderlo, analizarlo, criticarlo, en fin, hasta el punto clave que esa palabra pase de ser una simple palabra a ser el motor y el sentido de tu vida.
Se entiende que por un tema biológico, los niños y niñas deben estar con su madre mientras dan pecho, por ejemplo, pero sinceramente, y puedo estar equivocada, ¿qué otra cosa podría inhabilitar a un padre a ser padre? Y entiéndase 'ser padre' no sólo en términos biológicos, sino también en términos emocionales, psicológicos, afectivos, de contención, económicos. La mata siempre se ha cargado para la mujer y ahí es donde el famoso 'apoyo' fue tomando un rol diferente con el paso de los años... basta de que el hombre 'apoye' a la mujer en la tarea de ser padres, la labor es y debe ser compartida y equilibrada, estando juntos como estando separados... así que finalmente le dije a mi amiga: "empodérate, enfrenta tus miedos y confía en ti y en lo que creas mejor para tu pequeña".
Si tuviera que definir este concepto, podría decir que tiene una estrecha relación con el re-aprendizaje interno que sin lugar a dudas nos lleva a un suerte de emancipación personal. Esa concientización nos hace sentir poder, ese poder que se transforma en energía para pensar, movilizarte, actuar, decir, sentir. Sin lugar a dudas, esa capacidad de reconstruirnos y de tomar las riendas de nuestras vidas, es lo que necesitamos, urgentemente.
Pero no es fácil, nadie dijo que lo sería, y como todo proceso que involucra al ser interno, requiere de paciencia, constancia, apertura, confianza, análisis, autenticidad, y por sobre todo, querer desde lo más profundo de tu corazón, que quieres hacerlo, que quieres provocar cambios, que quieres liberarte, que quieres ser y no sólo existir. Porque no sacamos nada si nos quedamos en las intenciones, en los anhelos, en las posibilidades; NOS debemos el ser capaces de adueñarnos de quienes somos, de canalizar las energías al ritmo que consideremos necesario, a decir que 'no' porque por Dios que somos empáticas en exceso, a romper nuestras propias barreras internas, a ser y estar presente en los ámbitos que deseemos, entre un millón de cosas más.
Aún insito, no es fácil.
Se entiende que en tiempos remotos (y no tan remotos), la estructuración de la vida en comunidad, política, económica, educativa, entre otros, fueron creadas y moldeadas por hombres. De esos tantos seres, muchos fueron implacables en dejar a la mujer posicionada en el estrato más precario de la sociedad, como entes que cumplían ciertas 'funciones' y que esa era la manera en la que debían de vivir. Los años pasaron, las décadas, y sí, está claro que las condiciones y miradas hacia el género femenino han ido mutando, evolucionando, pero también no podemos hacer vista gorda a que con la velocidad con que ocurren algunos fenómenos, estemos siempre nosotras en el escalafón más bajo.
Y no falta el que te dice: "oye, dejen de alegar tanto, si ahora pueden hacer un montón de cosas", "¿no estarán exagerando?"... y perdón que les diga pero, ¿quién definió que ustedes hombres tengan mayores ventajas que las nuestras, en un sinfín de contextos, y nosotras hayamos tenido que luchar por el simple hecho de ser mujeres, y sólo por lo que nos corresponde como seres humanos que somos? No caigamos en que también hay hombres que han luchado, porque claro que los ha habido y los hay y los seguirán habiendo, pero seamos capaces de entender y mirar un poco más allá, esto no se trata de unos pocos, se trata de todos.
8 de marzo, Día internacional de la Mujer. Algunos lo llaman celebración, y debiésemos llamarle conmemoración. La lucha ha sido constante, y con el paso del tiempos hemos ido descubriendo y replanteándonos cosas distintas, de acuerdo a los contextos, porque el ir abriendo nuestras mentes y permitiéndonos escucharnos y empoderarnos de nuestras vidas, nos ha permitido captar 'necesidades' que se hacen cada vez más evidentes y que, a raíz de lo que se espera de nosotras, las bloqueamos, las desechamos, las inhibimos... y si te pones a pensar un poco más profundo, la que se bloquea eres tú misma, la que se desecha eres tú misma, la que se inhibe eres tú misma.
Imagínense que en el año 1893, en Nueva Zelanda, se permitió el sufragio femenino, convirtiéndose en el primer país en instaurar dicha política. De ahí, poco a poco las mujeres fuimos alzando la voz y nuestra convicción fue concretando frutos en distintos lugares, logrando que el sufragio femenino fuese ocurriendo y haciéndose realidad en distintos lugares del mundo. Aquí un claro ejemplo de que para el hombre el sufragio era parte de, pero las mujeres debíamos luchar por ello. Este es una lucha de las tantas por las que hemos combatido.
Porque el 8 de marzo, se preguntarán algunos. En 1857 un grupo de mujeres trabajadoras de una empresa textil, realizó una marcha en contra de sus precarias condiciones de trabajo y el bajo salario percibido (entre 60% y 70% por debajo del salario de los hombres, y por el mismo trabajo). Coincidentemente, otro 8 de marzo de 1908, otro grupo de mujeres se unió a una huelga por motivos similares a los del año 1857, pero lamentablemente los dueños de la empresa en donde trabajaban estas mujeres, decidieron encerrarlas dentro la fábrica y, aún sin explicación aparente, dicho lugar prendió en llamas y 129 mujeres luchadoras, murieron dentro... entonces, ¿debemos celebrar? No. Debemos recordar, conmemoras y aprender de aquellas que con valentía y orgullo, se empoderaron de ellas mismas, de su género, de ser humanas tanto como tú.
¿Qué fue lo que nos hizo más débiles, inútiles, menospreciadas, humilladas, asesinadas, violentadas, a los ojos de los demás? Somos todos seres humanos, personas, de carne y hueso, pensantes, amantes... y eso debería bastar para asimilar que somos iguales, diferentemente iguales.
El empoderamiento se puede plasmar y hacer parte en todo ámbito de nuestras vidas. Empoderamiento profesional, empoderamiento personal, empoderamiento espiritual, empoderamiento económico, empoderamiento político... y claro, cada uno por sí solo puede ser más o menos difícil de abordar, de concientizar, de hacer parte permanente de nuestras vidas, porque al ser seres imperfectos, sabemos que tenemos destrezas o habilidades para algunas cosas, como debilidades en otras, y es en ellas en donde el miedo encuentra un refugio para alimentarse y apoderarse de lo que tu debieses apoderarte. El miedo, te paraliza, te inhabilita y permite que esas barreras mentales que creamos, se hagan cada vez más altas y difíciles de sobrepasar.
Como le dije a una amiga hace un par días, si vas a tener o sentir miedo por algo, que sea un miedo que no haya sido impuesto por otros, implantado por otros, creado por otros; si vas a sentir miedo, que sea porque tu lo viviste a modo personal, porque tú experimentaste algo especial que hizo remover esas fibras y ahí, ser capaces de tomar ese miedo, mirarlo, enfrentarlo y destruirlo porque tú así lo quisiste.
Conozco dos hermosas mujeres, bellas bellas, hijas, hermanas, las dos madres, madres que 'aperran' con sus hijos a toda costa, con gran empuje y coraje, como somos las mujeres. Una de ellas es madre de dos pequeños llenos de vida, su hijo mayor todo un conocedor del mundo, su pequeña recién conociendo el mundo que la rodea. La otra mujer, madre de una hermosa criatura, cuál de las dos más energética que la otra, amándose a su estilo. Estas dos madres están hoy separadas y, por lo tanto, ya se deben imaginar el panorama: ellas están a cargo, tienen la tutela, pasan todos los días con sus hijos, trabajan, tienen vida personal lógicamente, y ahí están, estoicas, nada las derrumba.
Lamentablemente una de ellas no tiene el 'apoyo' que una esperaría del padre de su hija. Y coloco 'apoyo' entre comillas porque ahí está la raíz del problema... entre las 3 tenemos un grupo en WhatsApp en donde, ustedes ya saben, hablamos de un sin fin de cosas. Hace un par de días esta querida amiga nos pide su opinión acerca de lo complicada que estaba porque quería que su hija compartiera más con su papá pero el papá trabajaba los fines de semana y no sabía muy bien cuáles eran sus tiempos libres para coordinar más visitas. Yo la escuché y con mucho respecto le dije: "amiga, yo no soy madre pero quiero decirte lo que pienso al respecto... ¿a ti alguien te preguntó si trabajabas o cuánto trabajabas, cuáles eran tus días libres, en qué horarios podías recibir a tu hija? yo creo que nadie te lo preguntó, entonces, ¿porque tienes que preocuparte de que el padre no vaya a perder sus días libres por ver más a su hija, o si tiene que trabajar? porque por lo que yo sé, tú cumples tu rol de madre 24/7, trabajando, en días libres, etc. La labor debiese ser equilibrada, compartida, así que amiga, expónle tu plan para que él pueda estar más con su hija y él verá como maneja su tiempo, porque por lo que sé, los dos quisieron seguir en este camino de ser padres, así que 'vó dale'".
Mujeres, dejemos de sentirnos culpables, egoístas. No eres egoísta si quieres un tiempo para ti, no te sientas culpable si hoy quieres estar contigo o con tus amigxs, porque recuerda que primero eres persona, mujer y si pierdes eso, que es la base, nada tendrá real sentido.
Y conste, así como hay madres magníficas, también hay padres maravillosos, que doy fe que se 'sacan la cresta' por estar presentes en todo sentido, trabajando, estudiando y sacrificándose al máximo, sin apoyar sino más bien, haciendo lo que corresponde como padres que son. A ellos los admiro, y me encantaría que llegase un día en que no tuviésemos que admirar a esos hombres, porque estaríamos tan 'acostumbrados' a presenciar padres y madres 100% comprometidos, que su actuar formaría parte de nuestras vidas. No por eso debemos dejar de sorprendernos y disfrutar de lo hermoso que es vivir.
Yo aún estoy en el camino del empoderamiento, creo incluso que llevo muy poco camino recorrido, que estoy recién descubriendo este bello mundo, mi mundo interior, del cuál me maravillo constantemente, como si estuviera conociendo a otra persona. Pero esa persona soy yo, esa persona que estaba detrás de las barreras que estoy poco a poco derribando, para encontrarme y empoderarme de mi misma, con valentía, convicción y coraje. Mis amigas que son madres, son un claro ejemplo de empoderamiento, así como deben haber miles de otros, igual de maravillosos y poderosos como éste. El empoderamiento parte de la plena convicción que tengamos sobre aquello que queremos para nuestras vidas, que nadie venga a arrebatarnos nuestras ganas y poder por hacer lo que creamos mejor para nosotras, que los miedos no te paralicen sino más bien, enfréntalos y déjalos atrás como aprendizajes de vida, escucha y vislumbra puntos de vista diferentes pero sin jamás perder el norte de lo que tu corazón te reclama.
Que nadie se sienta con el derecho de decirnos que, por ejemplo, 'debemos' ser madres, porque no por el hecho de ser mujeres debe venir como agregado sin devolución el convertirnos en madres. Que nadie decida sobre nuestros cuerpos, en como lucirlos y sentirlos bajo los cánones estructurados y frívolos que se han construido a lo largo de los años. Que nadie nos humille ocupando la famosa frase 'es que está en sus días' para justificar lo injustificable. Que nadie nos diga que 'calladita se ve mejor', porque calladas no hubiésemos logrado nada de lo que hemos conquistado. Que nadie se atreva a violentarnos, en todo ámbito y forma, porque no somos objetos, somos personas al igual que todos.
Así que compañeras amigas, sigamos en la lucha, así como lo hemos hecho por muchos y muchos años atrás... ¡libertad, igualdad y fraternidad! REVOLUCIÓN.
miércoles, 3 de enero de 2018
¡Feliz año, feliz vida!
Desde hace algunas semanas tengo un montón de ideas rondando por mi cabeza, unas más claras que otras, unas más ocultas que otras, pero ideas al fin y al cabo que, por algún motivo, no he logrado encausar como a mi me sienta mejor... y claro, perfectamente podría sólo dejar fluir, pero esta vez tiene que ver más que con sólo dejar fluir, también involucra un aceptar que no siempre estamos dispuestos a asumir o a enfrentar, y es en esos momentos en donde, tanto consiente como inconscientemente, terminamos por guardar aquello que duele, aquello que nos remese, aquello que nos marca.
Y casualmente comenzó un nuevo año y todo lo que conlleva este hito histórico-social para todos. Comienzas a escuchar los clásicos: "ahora sí que será mi año", "Chao 2017 de mierda, bienvenido 2018", "olvidémonos de todo lo malo para empezar de 0", y bla bla bla. No lo voy a negar, yo también fui de las que dije esas frases u otras parecidas y peores, invocando casi que a Los Santos no santos para que el pasado quedara atrás y el nuevo año trajera prosperidad... y cómo me he dado cuenta de lo equivocada que estaba, de lo perdida, de lo poco empoderada. Pero hay que vivir y experimentar para entender y crecer, y darse cuenta que no fue el año el 'malo', que no hay que llenar de mierda lo vivido, que empezar de 0 es imposible porque todos traemos historia y una mochila que la contiene, que no existe el olvido sino que la aceptación y el convivir sanamente con uno mismo.
Pero nunca está demás analizar, visualizar y comprender lo que viviste... y si el cambio de año te ayuda con eso, bienvenido sea. A mí me vino como anillo al dedo, porque las fechas coinciden, porque los acontecimientos lo ameritan, o simplemente porque sentí que era el momento indicado para hacerlo. Y frente a este computador, a estas letras vigorosas que desean a toda costa salir al mundo, doy una mirada atrás y veo y siento tantas cosas, tantas que ni se las imaginan. Recuerdo momentos, personas, circunstancias, vivencias, sentimientos, emociones, todas ellas tan reales y palpables como si hubiesen ocurrido ayer... hasta olores logro sentir como si aquella persona estuviese frente a mí, como si esa exquisita comida la estuviese degustando ahora, o como si el aire que respiré siguiese dando vida a mis pulmones hoy.
Recuerdo que hace algún tiempo atrás, en una de mis sesiones con mi psicóloga de ese entonces, salió el tema de esa ansiedad implantada en nuestra sociedad de englobarlo todo con la pregunta 'por qué': "¿pero por qué a mí? ¿por qué de esa manera? ¿por qué...?". Y claro, sobre utilizamos este recurso sobre todo cuando lo que hemos vivido, se traduce en algo 'malo' o 'negativo' (términos discutibles y que trato día a día de no utilizarlos, conste), algo que trajo consigo un dolor, un quiebre, un desazón. Luego de un par de minutos discutiendo sobre el clásico 'por qué', llegó la hora de conocer la pregunta que sí podía provocar en ti un aprendizaje real, una conexión contigo mismo y tu historia de desiciones y comprender, poco a poco, que dichas experiencias no tienen por qué ser catalogadas como 'malas', 'negativas' o 'terribles'.
Al principio no me hacía mucho sentido, buscaba ejemplos de otros y propios en donde pudiese aplicar esta nueva forma de comprender las cosas, pero aún no estaba preparada, aún no tenía las suficientes herramientas, aún me faltaba experimentar para entender... Hasta que un día, no por arte de magia claramente, el 'Para qué' poco a poco fue entrando en mi vida, sigiloso, respetuoso, paciente, esperando el momento adecuado para que yo me apoderara de él, sutil y paulatinamente, con delicadeza y tranquilidad, permitiéndome cuestionar desde otra vereda, de otra manera y con otro significado, lo que es mi vida: mi pasado y mi presente.
'Para qué' conlleva otro tipo de análisis, un análisis más profundo e interno que te permite comprender lo que hay detrás de las cosas y lo que provocó en ti tal o cuales desiciones que tomaste. El 'por qué' se atañe a algo más externo, a responsabilidades de otros que facilitan que no te hagas cargo por tus propias desiciones que te llevaron a experimentar lo vivido. El 'Para qué', en cambio, tiene una estrecha relación con lo más interno, con las responsabilidades propias e intransferibles que determinan tus propias desiciones. Por eso el aplicar el 'para qué' en la vida, es sumamente complejo y desestructurante, porque desde pequeños nadie nos enseña a hacernos cargo, los adultos le resuelven la vida a los niños hasta en las cosas más inverosímiles que, adecuándose a la edad, los propios niños podrían resolver; porque no somos capaces de asumir que dichas desiciones fueron tomadas en tal momento porque de alguna u otra manera lo quisimos así, porque no creemos en las oportunidades y de que los errores también aprendemos infinitamente más... y porque los errores se comenten, son parte de la vida, y tampoco tenemos que hacer vista gorda al respecto. El tema no es el 'no cometerlos', sino más bien ser capaces de decidir desde un corazón consiente que, independiente los resultados o el camino a trazar, sea capaz de hacerse cargo y empoderarse por lo que fuimos y somos hoy.
Por eso hoy miro hacia atrás, a un pasado más lejano o más cercano, más doloroso o más eufórico, más solitario o más acompañado, más frío o más cálido, y lo abrazo, lo abrazo fuertemente, tanto así que es inevitable que las lágrimas broten desde mis ojos y recorran mis mejillas, porque ahora entiendo tantas cosas, ahora comprendo tantas otras que antes, o no las creía o simplemente no las veía. Y sin renegar del dolor, la frustración, la pena, la incertidumbre, entre tantas otras emociones, de todas formas sigo abrazando y me sigo recargando de mi misma, de lo que fui y de lo soy, de lo que viví y de lo que vivo, de lo que amé y de lo que amo y sigo amando, de lo que aprendí y de lo que aprendo, de lo que soñé y sueño hoy en día... y comprendí que agradecer es una de las cosas más hermosas que podamos experimentar.
Agradezco todo y más. No me pondré a enumerar todo aquello, porque estaría la misma cantidad de vida que llevo vivida, escribiendo lo que he vivido... sí puedo decir que agradezco, que hoy día agradezco desde el corazón todas y cada una de las cosas, momentos y personas que poco o mucho, han dejado en mí una huella imborrable e indeleble. Hoy puedo decir que no me arrepiento de nada, que lo que he experimentado ha hecho de mí la mujer que soy y de la cual cada día me siento más y más orgullosa. No puedo negar que mirando hacia atrás, hubiese amado un poco más de eso o de aquello, por ejemplo, pero a la vez sé que lo que fue, fue en su medida justa en aquel momento y que, si anhelo y amo volver a experimentarlo nuevamente, mi corazón sabrá que hoy es el día. A veces tenemos que soltar lo que no queremos soltar, y no porque sea algo 'errado' o 'malo', sino más bien, porque las circunstancias a veces son tan ajenas a nosotros mismos que debemos aprender a esperar, paciente y calmadamente, porque si eso a lo que nos aferramos tanto está de igual forma aferrado a nosotros, sabremos sin lugar a dudas que no sólo la vida nos volverá a juntar, sino más bien, seremos nosotros mismos quienes tomemos la decisión de volver a entrelazarnos.
Aprendamos a no renegar de quienes somos y de todo lo que hemos vivido. Que el 'cambio de folio' anual, como se dice en la jerga popular, no nos haga asquear lo que nos trajo dolor e incertidumbre, sino más bien que seamos capaces de aprender a preguntarnos ese bello '¿para qué?' y así lograr aprender de todas y cada una de las experiencias que forman parte de nuestra vida. Que este año no traiga consigo nada, más bien seamos nosotros mismos quienes le entreguemos a este año vitalidad, amor, éxito, coraje, valentía y empoderamiento... que este año brillemos como si fuese el último y que esa luz propia ilumine nuestras vidas y la de los demás, con cada paso que demos. Expresa lo que sientes, abre tu corazón consiente y escucha tus instintos, arriésgate si es lo que sientes que debes hacer, toma partido y empodérate de lo que amas, se feliz.
Y para quien quiera decirme algo, o simplemente estar a mi lado, aquí estoy con los brazos y el corazón abiertos, porque esa es la única manera de perder los miedos.
¡Feliz año, feliz vida!
Y casualmente comenzó un nuevo año y todo lo que conlleva este hito histórico-social para todos. Comienzas a escuchar los clásicos: "ahora sí que será mi año", "Chao 2017 de mierda, bienvenido 2018", "olvidémonos de todo lo malo para empezar de 0", y bla bla bla. No lo voy a negar, yo también fui de las que dije esas frases u otras parecidas y peores, invocando casi que a Los Santos no santos para que el pasado quedara atrás y el nuevo año trajera prosperidad... y cómo me he dado cuenta de lo equivocada que estaba, de lo perdida, de lo poco empoderada. Pero hay que vivir y experimentar para entender y crecer, y darse cuenta que no fue el año el 'malo', que no hay que llenar de mierda lo vivido, que empezar de 0 es imposible porque todos traemos historia y una mochila que la contiene, que no existe el olvido sino que la aceptación y el convivir sanamente con uno mismo.
Pero nunca está demás analizar, visualizar y comprender lo que viviste... y si el cambio de año te ayuda con eso, bienvenido sea. A mí me vino como anillo al dedo, porque las fechas coinciden, porque los acontecimientos lo ameritan, o simplemente porque sentí que era el momento indicado para hacerlo. Y frente a este computador, a estas letras vigorosas que desean a toda costa salir al mundo, doy una mirada atrás y veo y siento tantas cosas, tantas que ni se las imaginan. Recuerdo momentos, personas, circunstancias, vivencias, sentimientos, emociones, todas ellas tan reales y palpables como si hubiesen ocurrido ayer... hasta olores logro sentir como si aquella persona estuviese frente a mí, como si esa exquisita comida la estuviese degustando ahora, o como si el aire que respiré siguiese dando vida a mis pulmones hoy.
Recuerdo que hace algún tiempo atrás, en una de mis sesiones con mi psicóloga de ese entonces, salió el tema de esa ansiedad implantada en nuestra sociedad de englobarlo todo con la pregunta 'por qué': "¿pero por qué a mí? ¿por qué de esa manera? ¿por qué...?". Y claro, sobre utilizamos este recurso sobre todo cuando lo que hemos vivido, se traduce en algo 'malo' o 'negativo' (términos discutibles y que trato día a día de no utilizarlos, conste), algo que trajo consigo un dolor, un quiebre, un desazón. Luego de un par de minutos discutiendo sobre el clásico 'por qué', llegó la hora de conocer la pregunta que sí podía provocar en ti un aprendizaje real, una conexión contigo mismo y tu historia de desiciones y comprender, poco a poco, que dichas experiencias no tienen por qué ser catalogadas como 'malas', 'negativas' o 'terribles'.
Al principio no me hacía mucho sentido, buscaba ejemplos de otros y propios en donde pudiese aplicar esta nueva forma de comprender las cosas, pero aún no estaba preparada, aún no tenía las suficientes herramientas, aún me faltaba experimentar para entender... Hasta que un día, no por arte de magia claramente, el 'Para qué' poco a poco fue entrando en mi vida, sigiloso, respetuoso, paciente, esperando el momento adecuado para que yo me apoderara de él, sutil y paulatinamente, con delicadeza y tranquilidad, permitiéndome cuestionar desde otra vereda, de otra manera y con otro significado, lo que es mi vida: mi pasado y mi presente.
'Para qué' conlleva otro tipo de análisis, un análisis más profundo e interno que te permite comprender lo que hay detrás de las cosas y lo que provocó en ti tal o cuales desiciones que tomaste. El 'por qué' se atañe a algo más externo, a responsabilidades de otros que facilitan que no te hagas cargo por tus propias desiciones que te llevaron a experimentar lo vivido. El 'Para qué', en cambio, tiene una estrecha relación con lo más interno, con las responsabilidades propias e intransferibles que determinan tus propias desiciones. Por eso el aplicar el 'para qué' en la vida, es sumamente complejo y desestructurante, porque desde pequeños nadie nos enseña a hacernos cargo, los adultos le resuelven la vida a los niños hasta en las cosas más inverosímiles que, adecuándose a la edad, los propios niños podrían resolver; porque no somos capaces de asumir que dichas desiciones fueron tomadas en tal momento porque de alguna u otra manera lo quisimos así, porque no creemos en las oportunidades y de que los errores también aprendemos infinitamente más... y porque los errores se comenten, son parte de la vida, y tampoco tenemos que hacer vista gorda al respecto. El tema no es el 'no cometerlos', sino más bien ser capaces de decidir desde un corazón consiente que, independiente los resultados o el camino a trazar, sea capaz de hacerse cargo y empoderarse por lo que fuimos y somos hoy.
Por eso hoy miro hacia atrás, a un pasado más lejano o más cercano, más doloroso o más eufórico, más solitario o más acompañado, más frío o más cálido, y lo abrazo, lo abrazo fuertemente, tanto así que es inevitable que las lágrimas broten desde mis ojos y recorran mis mejillas, porque ahora entiendo tantas cosas, ahora comprendo tantas otras que antes, o no las creía o simplemente no las veía. Y sin renegar del dolor, la frustración, la pena, la incertidumbre, entre tantas otras emociones, de todas formas sigo abrazando y me sigo recargando de mi misma, de lo que fui y de lo soy, de lo que viví y de lo que vivo, de lo que amé y de lo que amo y sigo amando, de lo que aprendí y de lo que aprendo, de lo que soñé y sueño hoy en día... y comprendí que agradecer es una de las cosas más hermosas que podamos experimentar.
Agradezco todo y más. No me pondré a enumerar todo aquello, porque estaría la misma cantidad de vida que llevo vivida, escribiendo lo que he vivido... sí puedo decir que agradezco, que hoy día agradezco desde el corazón todas y cada una de las cosas, momentos y personas que poco o mucho, han dejado en mí una huella imborrable e indeleble. Hoy puedo decir que no me arrepiento de nada, que lo que he experimentado ha hecho de mí la mujer que soy y de la cual cada día me siento más y más orgullosa. No puedo negar que mirando hacia atrás, hubiese amado un poco más de eso o de aquello, por ejemplo, pero a la vez sé que lo que fue, fue en su medida justa en aquel momento y que, si anhelo y amo volver a experimentarlo nuevamente, mi corazón sabrá que hoy es el día. A veces tenemos que soltar lo que no queremos soltar, y no porque sea algo 'errado' o 'malo', sino más bien, porque las circunstancias a veces son tan ajenas a nosotros mismos que debemos aprender a esperar, paciente y calmadamente, porque si eso a lo que nos aferramos tanto está de igual forma aferrado a nosotros, sabremos sin lugar a dudas que no sólo la vida nos volverá a juntar, sino más bien, seremos nosotros mismos quienes tomemos la decisión de volver a entrelazarnos.
Aprendamos a no renegar de quienes somos y de todo lo que hemos vivido. Que el 'cambio de folio' anual, como se dice en la jerga popular, no nos haga asquear lo que nos trajo dolor e incertidumbre, sino más bien que seamos capaces de aprender a preguntarnos ese bello '¿para qué?' y así lograr aprender de todas y cada una de las experiencias que forman parte de nuestra vida. Que este año no traiga consigo nada, más bien seamos nosotros mismos quienes le entreguemos a este año vitalidad, amor, éxito, coraje, valentía y empoderamiento... que este año brillemos como si fuese el último y que esa luz propia ilumine nuestras vidas y la de los demás, con cada paso que demos. Expresa lo que sientes, abre tu corazón consiente y escucha tus instintos, arriésgate si es lo que sientes que debes hacer, toma partido y empodérate de lo que amas, se feliz.
Y para quien quiera decirme algo, o simplemente estar a mi lado, aquí estoy con los brazos y el corazón abiertos, porque esa es la única manera de perder los miedos.
¡Feliz año, feliz vida!
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