Si tuviera que definir este concepto, podría decir que tiene una estrecha relación con el re-aprendizaje interno que sin lugar a dudas nos lleva a un suerte de emancipación personal. Esa concientización nos hace sentir poder, ese poder que se transforma en energía para pensar, movilizarte, actuar, decir, sentir. Sin lugar a dudas, esa capacidad de reconstruirnos y de tomar las riendas de nuestras vidas, es lo que necesitamos, urgentemente.
Pero no es fácil, nadie dijo que lo sería, y como todo proceso que involucra al ser interno, requiere de paciencia, constancia, apertura, confianza, análisis, autenticidad, y por sobre todo, querer desde lo más profundo de tu corazón, que quieres hacerlo, que quieres provocar cambios, que quieres liberarte, que quieres ser y no sólo existir. Porque no sacamos nada si nos quedamos en las intenciones, en los anhelos, en las posibilidades; NOS debemos el ser capaces de adueñarnos de quienes somos, de canalizar las energías al ritmo que consideremos necesario, a decir que 'no' porque por Dios que somos empáticas en exceso, a romper nuestras propias barreras internas, a ser y estar presente en los ámbitos que deseemos, entre un millón de cosas más.
Aún insito, no es fácil.
Se entiende que en tiempos remotos (y no tan remotos), la estructuración de la vida en comunidad, política, económica, educativa, entre otros, fueron creadas y moldeadas por hombres. De esos tantos seres, muchos fueron implacables en dejar a la mujer posicionada en el estrato más precario de la sociedad, como entes que cumplían ciertas 'funciones' y que esa era la manera en la que debían de vivir. Los años pasaron, las décadas, y sí, está claro que las condiciones y miradas hacia el género femenino han ido mutando, evolucionando, pero también no podemos hacer vista gorda a que con la velocidad con que ocurren algunos fenómenos, estemos siempre nosotras en el escalafón más bajo.
Y no falta el que te dice: "oye, dejen de alegar tanto, si ahora pueden hacer un montón de cosas", "¿no estarán exagerando?"... y perdón que les diga pero, ¿quién definió que ustedes hombres tengan mayores ventajas que las nuestras, en un sinfín de contextos, y nosotras hayamos tenido que luchar por el simple hecho de ser mujeres, y sólo por lo que nos corresponde como seres humanos que somos? No caigamos en que también hay hombres que han luchado, porque claro que los ha habido y los hay y los seguirán habiendo, pero seamos capaces de entender y mirar un poco más allá, esto no se trata de unos pocos, se trata de todos.
8 de marzo, Día internacional de la Mujer. Algunos lo llaman celebración, y debiésemos llamarle conmemoración. La lucha ha sido constante, y con el paso del tiempos hemos ido descubriendo y replanteándonos cosas distintas, de acuerdo a los contextos, porque el ir abriendo nuestras mentes y permitiéndonos escucharnos y empoderarnos de nuestras vidas, nos ha permitido captar 'necesidades' que se hacen cada vez más evidentes y que, a raíz de lo que se espera de nosotras, las bloqueamos, las desechamos, las inhibimos... y si te pones a pensar un poco más profundo, la que se bloquea eres tú misma, la que se desecha eres tú misma, la que se inhibe eres tú misma.
Imagínense que en el año 1893, en Nueva Zelanda, se permitió el sufragio femenino, convirtiéndose en el primer país en instaurar dicha política. De ahí, poco a poco las mujeres fuimos alzando la voz y nuestra convicción fue concretando frutos en distintos lugares, logrando que el sufragio femenino fuese ocurriendo y haciéndose realidad en distintos lugares del mundo. Aquí un claro ejemplo de que para el hombre el sufragio era parte de, pero las mujeres debíamos luchar por ello. Este es una lucha de las tantas por las que hemos combatido.
Porque el 8 de marzo, se preguntarán algunos. En 1857 un grupo de mujeres trabajadoras de una empresa textil, realizó una marcha en contra de sus precarias condiciones de trabajo y el bajo salario percibido (entre 60% y 70% por debajo del salario de los hombres, y por el mismo trabajo). Coincidentemente, otro 8 de marzo de 1908, otro grupo de mujeres se unió a una huelga por motivos similares a los del año 1857, pero lamentablemente los dueños de la empresa en donde trabajaban estas mujeres, decidieron encerrarlas dentro la fábrica y, aún sin explicación aparente, dicho lugar prendió en llamas y 129 mujeres luchadoras, murieron dentro... entonces, ¿debemos celebrar? No. Debemos recordar, conmemoras y aprender de aquellas que con valentía y orgullo, se empoderaron de ellas mismas, de su género, de ser humanas tanto como tú.
¿Qué fue lo que nos hizo más débiles, inútiles, menospreciadas, humilladas, asesinadas, violentadas, a los ojos de los demás? Somos todos seres humanos, personas, de carne y hueso, pensantes, amantes... y eso debería bastar para asimilar que somos iguales, diferentemente iguales.
El empoderamiento se puede plasmar y hacer parte en todo ámbito de nuestras vidas. Empoderamiento profesional, empoderamiento personal, empoderamiento espiritual, empoderamiento económico, empoderamiento político... y claro, cada uno por sí solo puede ser más o menos difícil de abordar, de concientizar, de hacer parte permanente de nuestras vidas, porque al ser seres imperfectos, sabemos que tenemos destrezas o habilidades para algunas cosas, como debilidades en otras, y es en ellas en donde el miedo encuentra un refugio para alimentarse y apoderarse de lo que tu debieses apoderarte. El miedo, te paraliza, te inhabilita y permite que esas barreras mentales que creamos, se hagan cada vez más altas y difíciles de sobrepasar.
Como le dije a una amiga hace un par días, si vas a tener o sentir miedo por algo, que sea un miedo que no haya sido impuesto por otros, implantado por otros, creado por otros; si vas a sentir miedo, que sea porque tu lo viviste a modo personal, porque tú experimentaste algo especial que hizo remover esas fibras y ahí, ser capaces de tomar ese miedo, mirarlo, enfrentarlo y destruirlo porque tú así lo quisiste.
Conozco dos hermosas mujeres, bellas bellas, hijas, hermanas, las dos madres, madres que 'aperran' con sus hijos a toda costa, con gran empuje y coraje, como somos las mujeres. Una de ellas es madre de dos pequeños llenos de vida, su hijo mayor todo un conocedor del mundo, su pequeña recién conociendo el mundo que la rodea. La otra mujer, madre de una hermosa criatura, cuál de las dos más energética que la otra, amándose a su estilo. Estas dos madres están hoy separadas y, por lo tanto, ya se deben imaginar el panorama: ellas están a cargo, tienen la tutela, pasan todos los días con sus hijos, trabajan, tienen vida personal lógicamente, y ahí están, estoicas, nada las derrumba.
Lamentablemente una de ellas no tiene el 'apoyo' que una esperaría del padre de su hija. Y coloco 'apoyo' entre comillas porque ahí está la raíz del problema... entre las 3 tenemos un grupo en WhatsApp en donde, ustedes ya saben, hablamos de un sin fin de cosas. Hace un par de días esta querida amiga nos pide su opinión acerca de lo complicada que estaba porque quería que su hija compartiera más con su papá pero el papá trabajaba los fines de semana y no sabía muy bien cuáles eran sus tiempos libres para coordinar más visitas. Yo la escuché y con mucho respecto le dije: "amiga, yo no soy madre pero quiero decirte lo que pienso al respecto... ¿a ti alguien te preguntó si trabajabas o cuánto trabajabas, cuáles eran tus días libres, en qué horarios podías recibir a tu hija? yo creo que nadie te lo preguntó, entonces, ¿porque tienes que preocuparte de que el padre no vaya a perder sus días libres por ver más a su hija, o si tiene que trabajar? porque por lo que yo sé, tú cumples tu rol de madre 24/7, trabajando, en días libres, etc. La labor debiese ser equilibrada, compartida, así que amiga, expónle tu plan para que él pueda estar más con su hija y él verá como maneja su tiempo, porque por lo que sé, los dos quisieron seguir en este camino de ser padres, así que 'vó dale'".
Mujeres, dejemos de sentirnos culpables, egoístas. No eres egoísta si quieres un tiempo para ti, no te sientas culpable si hoy quieres estar contigo o con tus amigxs, porque recuerda que primero eres persona, mujer y si pierdes eso, que es la base, nada tendrá real sentido.
Y conste, así como hay madres magníficas, también hay padres maravillosos, que doy fe que se 'sacan la cresta' por estar presentes en todo sentido, trabajando, estudiando y sacrificándose al máximo, sin apoyar sino más bien, haciendo lo que corresponde como padres que son. A ellos los admiro, y me encantaría que llegase un día en que no tuviésemos que admirar a esos hombres, porque estaríamos tan 'acostumbrados' a presenciar padres y madres 100% comprometidos, que su actuar formaría parte de nuestras vidas. No por eso debemos dejar de sorprendernos y disfrutar de lo hermoso que es vivir.
Yo aún estoy en el camino del empoderamiento, creo incluso que llevo muy poco camino recorrido, que estoy recién descubriendo este bello mundo, mi mundo interior, del cuál me maravillo constantemente, como si estuviera conociendo a otra persona. Pero esa persona soy yo, esa persona que estaba detrás de las barreras que estoy poco a poco derribando, para encontrarme y empoderarme de mi misma, con valentía, convicción y coraje. Mis amigas que son madres, son un claro ejemplo de empoderamiento, así como deben haber miles de otros, igual de maravillosos y poderosos como éste. El empoderamiento parte de la plena convicción que tengamos sobre aquello que queremos para nuestras vidas, que nadie venga a arrebatarnos nuestras ganas y poder por hacer lo que creamos mejor para nosotras, que los miedos no te paralicen sino más bien, enfréntalos y déjalos atrás como aprendizajes de vida, escucha y vislumbra puntos de vista diferentes pero sin jamás perder el norte de lo que tu corazón te reclama.
Que nadie se sienta con el derecho de decirnos que, por ejemplo, 'debemos' ser madres, porque no por el hecho de ser mujeres debe venir como agregado sin devolución el convertirnos en madres. Que nadie decida sobre nuestros cuerpos, en como lucirlos y sentirlos bajo los cánones estructurados y frívolos que se han construido a lo largo de los años. Que nadie nos humille ocupando la famosa frase 'es que está en sus días' para justificar lo injustificable. Que nadie nos diga que 'calladita se ve mejor', porque calladas no hubiésemos logrado nada de lo que hemos conquistado. Que nadie se atreva a violentarnos, en todo ámbito y forma, porque no somos objetos, somos personas al igual que todos.
Así que compañeras amigas, sigamos en la lucha, así como lo hemos hecho por muchos y muchos años atrás... ¡libertad, igualdad y fraternidad! REVOLUCIÓN.




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