¿Qué es la amistad? Complejo de responder. Algunos podrían definirlo académicamente como una relación de afecto que se establece entre las personas. Otros como un tipo de relación que se da entre personas que no son de tu familia. Unos cuántos como relaciones con distinto grado de importancia y trascendencia. Y así podría seguir infinitamente. ¿Tú te lo has preguntado? Yo hace muy poco... justo en un momento en que las palabras entraron como puñal para dejar liberar lo contenido, lo poco entendido.
Si viajo al pasado y trato de conectarme solo con el corazón y buscar un indicio de lo que podría encarnar la palabra 'amistad', logro encontrar algunos recuerdos, la mayoría borrosos, poco claros, extraños, en los que de una u otra manera hago posar esa palabra sobre ciertas personas.
Pensarán que como niña, debo haber tenido un montón de amigos, porque se cree común que los niños gozan de una cantidad incalculable de amigos, pero no. Más bien era relativamente rechazada, de esas niñas inseguras, incómodas, con un montón de miedos, que se transformaba en el punto focal de algunos cuántos que, disfrutándolo o no, hacían fiesta a partir de las debilidades de los otros, o simplemente, de lo que era ser otro distinto a ellos, a todos, a ninguno.
Para qué voy a entrar en detalles sobre las palabras escuchadas como agujas en la piel, para qué mencionar los actos que se apoderaron de mí dejando heridas abiertas que fueron quedando como puñaladas llenas de groserías y diminutivos menoscavantes. Para qué describir como esas puñaladas dejaron el espacio de la navaja marcada en la piel, y en donde sobre los surcos quedaron los residuos de todo aquello y más.
Personas maravillosas lograron colar un pequeño destello, a quienes les guardo un cariño infinito... fueron pocas pero magníficamente importantes. Al final, de aquellas cosas y personas, por Dios qué aprendemos. Es un aprendizaje continuo e inacabable, del que poco a poco vas extrayendo nuevas semillas que formarán parte de una vegetación que respira... respira valor, fuerza, coraje, convicción, felicidad, amor (entre otras miles...).
¡Si les contara lo que me costaba construir amistades! Siempre había algo en mí que los otros detestaban: entre problemas médicos (físicos), mi personalidad y qué se yo qué cosas, sencillamente me terminaba transformando en el bufón de los demás. Ni se imaginan el dolor interno diario que sentía cada vez que amanecía otro día, sonaba la alarma y te dabas cuenta que nuevamente, al igual que todos los días anteriores, pisarías aquel lugar y más de alguno me miraría, pero no me observaría, me hablaría pero no me escucharía, me intimidaría pero no me aceptaría. Y perfecto, ustedes dirán: "los niños son así, no se dan cuenta, no lo hacen con maldad"... yo les puedo decir que los niños no son así, sí se dan cuenta, y más que lo hagan con maldad o no, han terminado normalizando lo que no se debe normalizar.
La educación parte en casa, y yo hoy estoy convencida que ese tipo de conductas no son culpa de los niños quienes las emiten, sino de aquellos padres, hermanos, familiares y cercanos varios, que juran que cuando llevan a cabo ciertas acciones o palabras, los niños no se darán cuenta, no las imitarán... Como adultos somos responsables principales de que lo que los niños aprendan, sea el reflejo de una vida sana, consciente, respetuosa, empática, amorosa. Ahora entiendo porque hasta hace tan poco no lograba definir lo que la amistad, para mi, significaba.
Conversando con una amiga de la vida, de esas que su destello sigue iluminándome, me comentaba una situación particular con otra amiga de ella... luego de eso, me dijo: "al final aprendí que las amistades no hay que forzarlas", y claro que le encontré la razón. La mayoría de nosotros no sabemos cómo soltar, dejar fluir lo que no te permite fluir a ti mismo. Como lo escribí en mi entrada anterior si no me equivoco, nos aferramos enfermizamente a cosas y personas que sencillamente, no nos aportan, y claramente nosotros a ellos tampoco. Como lo describe sutilmente una bella canción: "Ya no pudimos frenar lo inevitable. Ahora intento lo imposible, abrazarte o soltarte, ya no puedo decidirme". Al fin y al cabo, las relaciones con otros deben o deberían ser bilaterales, en donde las dos partes estén dispuestas tanto a dar como a recibir. A abrazar cuando hay conexión, a soltar cuando ésta no existe.
Justamente estoy en en el proceso de soltar, soltar particularmente a todas aquellas personas que no me aportan y que yo no les aporto. O, por qué no decirlo, soltar a quienes yo si les he entregado mucho y ellos poco o nada. Y supongo que a quienes yo no les estaba aportando nada pero ellos sí a mi, ya me habrán soltado... gracias por eso. Poco a poco, y por consecuencia también de este autoconocimiento, es que he ido logrando definir lo que para mi significa la relación con un otro y quiénes hoy forman parte de esa maravillosa conexión. Relación en su sentido amplio, como esa red de conexiones con otros que superan lo racional para dejar fluir honesta y sinceramente, lo que sentimos por el otro y por lo que construimos juntos.
No daré nombres... pero aquellos seres majestuosamente especiales saben quienes son, y saben que hoy construyen 'algo' junto a mi y yo junto a ellos. Gracias infinitas a ellos, quienes se han permitido conocerme como también me han permitido conocerlos a ellos, y digo conocerse de la manera más profunda, más allá de nuestros colores favoritos, sino más bien, sobre la base de quienes somos individualmente, nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestros sueños, nuestros dolores...
Perdóname si no te llamo, pero debes saber que detesto conversar por teléfono. Disculpa si no te he ido a ver seguido, pero debes saber que a pesar de tener una 'buena condición física', soy una floja. Disculpa si no te digo 'te quiero' como te gustaría escuchar, pero debes saber que mi lenguaje no verbal te lo está diciendo a cada instante. Disculpa si no hablo todo lo que necesitas, pero debes saber que soy más bien callada y que escucho más de lo que hablo... y quiero que sepas que tienes un lugar gigante en mi corazón, que te pienso muchísimo, que recuerdo las anécdotas que hemos vivido y río y lloro con ellas, que te quiero incalculablemente. Ahora que lo pienso mejor, no te pediré más disculpas... yo soy así y así si quieres, me querrás. Así como yo quiero quererte como eres.
Gracias también a aquellas personas con las que perdí el contacto (por motivos diversos), pero de las que hoy comprendo que formaron parte de mi vida y salieron de ella porque era él momento de que así fuese, no antes, no después. A quienes dejaron semillas ingerminables, espero que sean felices, inmensamente felices. A quienes yo les deje una semilla ingerminable, ahora les mando energías bellas y les deseo lo mejor en su existencia...



Me llega como anillo al dedo. De hecho hoy solté todo con quien tú sabes.
ResponderEliminarQué difícil es soltar. Me cuesta mucho a mí, pero he aprendido que la gente va y viene. Odio decirlo, pero es así.
Me gusta ganar amistades a esta edad. Son más maduras y sinceras, lo importante no es la cantidad de tiempo, sino vibrar en frecuencias similares.
Qué rico es tenerte en mi vida, en la pega. Nos parecemos tanto en tantas cosas que, muchas veces solo basta un abrazo.
Parece que volveré a escribir.
Amo que nuestras frecuencias sean similares :)
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