Acabo de salir de una larga ducha, de esas calientes que queman el cuerpo, como una forma ilusoria de autoconvencernos de que el frío no existe, que el frío sólo es psicológico. Hay música de fondo e inevitablemente, después de salir del baño, miro mi cama invitándome a lanzarme a ella para mirar el techo que pierde sus límites y disfrutar del vuelo que venía alcanzando mayor altura desde hacía varios minutos atrás.
Después de un breve reencuentro conmigo misma, comenzaron a llegar a mi cabeza cientos de imagines y frases que, en un comienzo, no me hacían mucho sentido, y las cuales no podía conectar
hasta que, como siempre debe ser, me dejé llevar por las imágenes y por las sensaciones, y poco a poco comencé a ver con más claridad todo ese torbellino de elementos que fueron apareciendo uno tras otro.
Primero una mujer, socialmente catalogada como bella, hermosa, guapa, mina, exquisita, hace un par de semanas se separó de quien era su pareja. Algunos se preguntaron en ese entonces que qué podría haber pasado si "la mina es perfecta y el loco las tiene todas" (esto lo escuché de verdad), como si eso definiera su forma de relacionarse y tener 'éxito' en la vida. "Es perfecta"... es perfecta. "Las tiene todas"... las tiene todas. Que particular forma de catalogar y juzgar abiertamente, de lo que no tienes ni puta idea.
Creo que la mujer en cuestión, al igual que su reciente compañero/a, es una mujer más en la historia de la humanidad que está aprendiendo a ser. Aprendizaje que es prolongado, en algunas ocasiones avanza a pasos agigantados, como en otras se siente que falta vida para seguir enriqueciéndose. Nadie nos enseñó a construir vínculos potentes, relaciones construidas desde las entrañas, en donde el sentir mismo de esa conexión alumbre tu ser como si fueras una estrella en su máxima potencia y luminosidad... y claro, ¿quién nos podría enseñar lo que aún no hemos vivido, lo que aún no hemos experimentado, sobre todo con la cantidad de personas y formas que cada una tiene para relacionarse? No existen verdades absolutas, está claro, pero con el tiempo me he ido dado cuenta que la experiencia te enseña un millón de cosas y que eres tú, y sólo tú, quien debe prestar atención a las señales que poco a poco se van haciendo más y más visibles para ti.
Ahora hago memoria de mis propias relaciones anteriores y de porqué cada una de ellas tuvo un final... claramente en mi contexto nadie al enterarse de mi situación se dijo a si mismo "pero que pasó si la mina es perfecta y él las tiene todas" jajajaja... y yo como protagonista de la historia tampoco tenía muy claro la verdad, los motivos o razones por las cuales el desenlace tuvo que llegar. Jóvenes y alocados (aún alocados) no entendemos aún muchas cosas, de las cuales el pasó de tiempo y otras experiencias vividas, nos fueron dando luces y el entendimiento hizo de las suyas para finalmente comprender para qué, cómo, qué.
Hay un dicho que dice: "toda escoba nueva barre bien", ¿la han escuchado? Bueno, a veces esta frase aplica a esos comienzos de relaciones majestuosos en donde todo, al parecer, 'funciona' de maravillas. Ritmo cardiaco acelerado, mariposas en el estómago, cabeza revuelta... elementos que, con todo mi respeto, debiesen manifestarse en todo momento de la relación, y no sólo "cuando la escoba nueva esté barriendo bien" (¡y qué significa esto por la cresta!... el estrecho entendimiento de lo que se espera que debiese pasar).
Y claro, en los inicios, todo o casi todo, nos parecía magnífico. A pesar de sus diferencias y/o gustos distintos, ahí estabas, disfrutando con el otro aquellas cosas que goza sólo uno de los dos, pero tu aperras y te motivas a gozar con él/ella. Y pasa el tiempo y, a lo mejor, en una de esas, te vas dando cuenta que puede que no tengas las mismas ganas de disfrutar eso tan particular que aprendiste a incorporar en tu vida porque era parte de la vida del otro, y ahora hasta te incomoda, te molesta o, simplemente, no quieres seguir practicándolo porque no es de tu interés. Pero cómo se lo dices sin que se sienta 'mal' o menospreciado/a, después de todas esas experiencias en las cuales, fingidas o no, compartiste y disfrutaste con él/ella.
Llega un punto en la vida, en el camino de las relaciones, en que todas estas pequeñas incomodidades empiezas a salir a flote, poco a poco o de sopetón, dependiendo cada contexto y situación. Y es ahí, en ese minuto clave en que debes, y te lo debes a ti mismo/a, preguntarte... ¿estoy dispuesta/o a lidiar con esto, siempre y cuando lo converse abierta y honestamente con el involucrado/a y lleguemos a un consenco mutuo? ¿o prefiero seguir en la dinámica del fingir mis emociones con tal de que el otro no 'sufra' o 'se sienta mal' si se lo planteo? ¿será que la rutina, la maldita rutina, está tan compenetrada en mi ser que, aunque no quiera seguir con esto, sigo estando porque me da miedo lo que pase si lo dejo? ¿soy realmente valiente y honesto/a conmigo mismo/a para dejar lo que no tiene sentido para mi vida? ¿puede ser que ahora estoy viendo las cosas desde otro punto de vista y claramente no estoy de acuerdo con varias cosas, pero soy lo suficientemente claro/a en plantear lo que ocurre porque quiero apostar por esto? ¿o es tiempo de apostar por lo que realmente a mí me moviliza?... no todo pasa sólo por un par de pechugas o un pene de buen tamaño, ¿se entiende?
Desiciones hay muchísimas, y ninguna tiene más o menos peso que otra, pero debemos tener en claro que debemos ser capaces de poner sobre la mesa todas esas inquietudes, miedos, resquemores, y sentirlos, concienciarlos, trabajarlos, modelarlos, comunicarlos, y sea la elección que sea que tomemos, la hagamos desde la conciencia misma que eso es lo que queremos para nuestra vida. Porque no somos perfectos, no las tenemos todas, no somos seres estáticos que como llegamos nos vamos, y porque si la historia y nuestra propia experiencia, a pesar de lo difícil que sea, nos enrostra en la cara que aún el corazón late, las mariposas revolotean y la cabeza se enloquece, es ahí donde debemos estar... aunque sea esporádicamente, en ocasiones, todos los días o algunas veces, sólo disfrútalo, gózalo, siéntelo, vívelo.
Y es en esos momentos en donde podemos ser capaces de responder a esas preguntas que antes escribí (y otras tantas que cada uno debe formular en su mundo individual), porque es en ese instante en que comprendemos el para qué en vez del por qué. Las cosas no son blancas o negras, hay un sin fin de matices que acompañan nuestra vida y la forma en que nos relacionamos y construimos experiencias con otros, nos dará las directrices para actuales vínculos en las que hoy estemos embarcados. No es lo uno o lo otro, es lo que te suma de esas dos, tres, cuatro, o cuantas otras cosas, con todos sus altos y sus bajos. Decidir o elegir tiene mucho más que ver con lo que queremos más que con lo que se espera de nosotros... porque sino, sería apegarse a una imposición y no a seguir tu corazón.
Entonces, ¿qué pasó en esas antiquísimas relaciones? El corazón dejó de latir, las mariposas dejaron de revolotear, la cabeza dejó de funcionar... y así el interés y la motivación por aperrar, intentar, probar, proponer, cuestionar, imaginar, crear, modificar, crecer, aprender, empatizar, comunicar, creer, dejaron el cuerpo y la mente para embarcarse en otras aventuras en las que sí se les preste el oido y la atención para formar parte de vínculos llenos de fuego interior.
Esa mujer del inicio, así como cada una de los seres humanos de este planeta, iremos forjando esas inicios y esos quiebres de acuerdo a la historia de cada uno de nosotros. "Ella es perfecta y él las tiene todas"... nadie es perfecto y nadie las tiene todas. La perfección no es absoluta.
Lamentablemente el vuelo va descendiendo y las palabras van siendo cada vez más escasas... el cansancio del día también hace lo suyo. En ocaciones no logró escribir con la rapidez en que las ideas viajan a grandes velocidades dentro de mi, pero creo que esta vez, tal cual como en ocasiones anteriores, logré plasmar lo que late, revolotea y enloquece dentro de mí.
Porque cuando te veo...
Porque cuando te leo...
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